Acerca de lo humano y el cuidado
Por Diego Tatián (*)
 
 
 
Desde hace algunos años circula de manera profusa la preciosa respuesta de la antropóloga estadounidense Margaret Mead a un estudiante que le preguntó cuál era según ella el primer signo que probaba la existencia de la humanidad. Se esperaba que Mead hablara del anzuelo, la olla de barro o la piedra de moler. Pero dijo que el primer signo de civilización con el que contamos es un hallazgo óseo: un fémur que alguien se fracturó y luego sanó. En el reino animal, quien se rompe una pierna indefectiblemente muere. No puede escapar del peligro, ni ir en busca de alimento o del río más cercano para tomar agua. Queda a merced de los cazadores y depredadores que merodean el lugar.

 

Por Eduardo Luis Aguirre

Con la irrupción de las nuevas derechas en América Latina,  Boaventura de Sousa Santos inauguró la problematización de una cuestión de indudable centralidad que se abate sobre la región.

El laudo del presidente Macri que habilita la construcción de Portezuelo del Viento reaviva los temores y reactualiza las conjeturas sobre la posibilidad (cierta) de que La Pampa –y el país- vuelvan a sufrir un gigantesco daño ambiental como consecuencia del manejo que pudiera hacerse de la obra.

Por  Diego Gómez (*)

Las transformaciones del exEstado yugoslavo y las repúblicas actuales se han reflejado en el nombre de sus calles. La restauración capitalista vuelve a reivindicar a los héroes de la vieja monarquía.

 

Por Eduardo Luis Aguirre

Este artículo intenta recuperar una investigación del profesor mexicano Fernando Tenorio Tagle y se propone problematizar las remanidas retóricas y las  interminables cruzadas contra la “impunidad”, todas ellas  inexorablemente infructuosas, resultado éste que, por supuesto, los estados policiales conocen perfectamente de antemano.

Por Eduardo Luis Aguirre

El pensador alemán Walter Benjamin  (1892-1949) ha sido recuperado recientemente en las reflexiones filosóficas que hacen pie en el marxismo y el posmarxismo.

Por Jorge Alemán

Cuando leo a diversos autores que describen con todo rigor las distintas mutaciones antropológicas desencadenadas por el capitalismo digital, financiero, algorítmico e hiperconectado, siempre surge en mí la misma reserva que procede de mi izquierda lacaniana.

La particular manera de exhibir, mediante groseros recortes, tergiversaciones, relatos banalizados y selección maniquea de imágenes, los episodios de protesta social ocurridos recientemente en la Argentina, colocan a la gran prensa en el punto de mira de las discusiones democráticas y dificultan la comprensión  del alcance y los límites del derecho constitucional a la protesta social.