Por Lidia Ferrari Alessandro Barbero desde su bonhomía dio en el blanco sin lanzar dardos. En una conferencia sobre situaciones traumáticas en la historia termina con los antecedentes de la primera guerra mundial. Una Guerra que aparentemente la mayoría sintió como sorpresiva se fue gestando décadas antes. La literatura de entretenimiento se ocupaba de guerras entre las naciones y fue de gran éxito editorial una literatura llamada de ‘invasiones’. En 1904 un novelista alemán escribe una novela titulada Guerra mundial, diez años antes de que se acuñara ese sintagma. Nos muestra Barbero cómo se fue gestando para el público una literatura guerrera, en algunos casos financiada por los fabricantes de Armas. También cómo fue creciendo exponencialmente la inversión en gastos militares, poco a poco, hasta llegar a porcentajes increíbles. Entre 1908 y 1914, el gasto militar de las grandes potencias aumentó un 50%. Al tener acceso a documentos oficiales de políticos y militares de la época anterior a la guerra es claro cómo la estaban preparando, aún sin conciencia completa de lo que estaban haciendo pues se hacía bajo el supuesto de defensa. Así como los archivos Trumpstein nos muestran que lo que vivimos hoy se estaba gestando hace más de treinta años, la pregunta es si, a pesar de que todo parece ser más transparente, a partir de la guerra de Tweets, post y mensajes en redes sociales, ignoramos, como entonces, lo que están cocinando. En ningún momento Barbero parece relacionar lo que dice con el presente. Pero termina su conferencia diciendo “Esos grandes traumas que llegan de forma más o menos repentina, que nadie esperaba o, y esto es más inquietante, que la opinión pública en su conjunto no esperaba, mientras que, en la cúpula había quienes no sólo no lo ignoraban, sino que estaban trabajando en eso. Obviamente, la única esperanza es que nuestra época sea diferente”.
Quizás tanta película violenta, tanta distopía literaria o cinematográfica, tanto terror como best seller, quizás, no lo sé, está preparando las almas para lo que va a venir. Quizás, por esa razón de la intuición, rechazo ese tipo de películas o de literatura. Eros, más Eros, por favor.
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