Por Eduardo Luis AguirreEl ataque de EEUU e Israel a Irán no sorprendió a nadie, a pesar que las conversaciones para llegar a un acuerdo pacífico continuaban con los líderes iraníes cuando dio comienzo la agresión unilateral. La masacre que, entre otras pérdidas impresionantes causó la muerte de decenas de niñas en una escuela primaria del país persa y la de su máximo líder, el Ayatollah Ali Jamenei, se abatió como una regularidad de hecho en medio de deliberaciones de paz abiertas. Los negociadores de la Casa Blanca fueron, como en las últimas tratativas en la guerra de Ucrania y en la misma Gaza, dos personajes ajenos a la diplomacia. Se trató, en una nueva y sugestiva coincidencia, de Steve Witkoff, enviado especial de la Casa Blanca para Oriente Medio y empresario inmobiliario cercano al presidente Donald Trump y Jared Kushner, asesor y yerno del presidente (una suerte de nuevo Conde Ciano, el poderoso hombre de confianza y también yerno de Benito Mussolini), dos improvisados en política internacional que volvieron a dejar de lado al Departamento de Estado y a poner de manifiesto el modus operandi de perpetración de crímenes y ejercicio unilateral de la fuerza como forma excluyente de doblegar la voluntad del adversario. Los estadounidenses habían enviado previamente a la zona en conflicto a la mitad de sus aviones de combate, dos portaaviones (uno de ellos, el poderoso y emblemático Gerard Ford) y una enorme cantidad de fuerzas que habían sido desplazadas anticipadamente a la región. Eso, y la presencia de semejantes negociadores, hacían prever un final indudablemente cruento y transformaba la posibilidad de una solución dialogada en una vana ilusión. Como siempre, la gran prensa se encarga de falsear la realidad y el contexto.Con Europa occidental en declive, sólo una potencia, el Reino Unido, parece rubricar su histórica e indeclinable alianza con la gran potencia del norte. Por algo todos los vuelos desde y hacia Londres en Oriente Medio se ven afectados por el bombardeo estadounidense sobre Irán: los británicos instan a "no viajar" a esos lugares, para ellos “inseguros”. El Reino Unido también va por sus fueros imperiales, a la vez que agita su beligerancia rusofóbica. Es que la agresión tiene víctimas directas e indirectas. China y Rusia están entre estas últimas, aunque seguramente no reaccionarán para hacerle pagar el altísimo costo político de estos crímenes masivos a Washington. Los demás países del viejo continente parecen diluirse en su opacidad. Hoy una base italiana fue bombardeada en Medio Oriente mientras la Meloni se enteraba del hecho con una demora generosa. Para completar este ominoso panorama, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, añadió una evidencia más a la caducidad irreversible del antiguo sistema de derecho internacional y no tuvo mejor idea que condenar las hostilidades poniendo a la misma altura a los agresores y a los agredidos que intentan defenderse. La propia Organización había defeccionado de manera increíble ante el secuestro del presidente venezolano y la tentativa en ciernes de terminar con el gobierno cubano, poniendo de relieve la condición ficticia del sistema humanitario mundial.Algunos analistas creen que la guerra dependerá de la capacidad de resistencia iraní. O del ingreso al conflicto de otros actores en su defensa. Pensamos que esta guerra comienza con un Irán exhausto después de la guerra de los doce días, en la que los bombardeos judeo-estadounidenses demostraron, como ahora, la diferencia enorme en la relación de fuerzas.En ambas ocasiones, separadas por unos pocos meses (la anterior operación “Martillo de Medianoche” se consumó en junio pasado), la gran discusión tiene que ver con el desarrollo del programa nuclear iraní. Trump sabe que si Irán decidiera poner fin al mismo occidente debería pagar una suma escalofriante a la cual los persas podrían darle un destino tan incógnito como riesgoso. La política internacional de Trump parece cada vez más clara: no confíen en mí, aunque logre mis objetivos, ya que soy capaz de anteponer siempre la guerra a la diplomacia. Mientras tanto, en su propio país, comienzan a alzarse voces contra el disciplinarismo que se impone desde Mar- A-Lago. Veremos hasta donde llegan. Permítanme mantener un pesimismo comprensible.
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