Por Diego Gómez
Tengo la suerte de estar en Viena. Vine a pasar unos 5 días con mi hija y una amiga. Llegamos el lunes y nos vamos el domingo.
Quisiera contarles una breve y, seguro, aventurada reflexión que tiene que ver sobre la cuestión migratoria de la ciudad.
Para ser sincero vengo desde el año pasado leyendo acerca de la cuestión migratoria de Viena, en particular, y de Austria, en general, con la intención de escribir un artículo.
Entre el martes y el miércoles visitamos el complejo Hofburg que fuera residencia de inverno de la monarquía Habsburgo durante siglos. Y justo enfrente se encuentran dos de los museos más importantes de la ciudad. El de Ciencias Naturales y el de Arte Histórico. Y fue justamente en este último que tuve la oportunidad de ver la pintura "La Torre de Babel" de Peter Bruegel "El Viejo". Un cuadro que había quedado impregnado en mi mente y corazón desde que leí el notable libro del historiador Eric Hobsbawm "Naciones y Nacionalismo desde 1780", en cuya portada se aprecia la obra del notable pintor holandés.
Pero no solo en la parte histórica y turística anduve. Por mañanas, mientras las chicas dormían sali a caminar por el barrio en el que paramos, que se llama Ottakringer y que es claramente un barrio popular con bastante población inmigrante. Por la calle se ve gente de tres continentes: sobre todo europeos (austríacos, de los balcanes y de Europa Oriental) y asiáticos (de Turquía, Afganistán, Siria e Irak, etc).
Es impresionante la cantidad de población migrante que hay en Viena. Un 50% de la cursada en la educación primaria no tiene al alemán como lengua materna. Además existen distintas zonas de la ciudad que funcionan como enclaves nacionales (sobre todo los barrios turcos y balcánicos debido a su peso numérico). Por las calles, por la Viena de a pie, cuando se aleja del Inner Stadt (casco histórico) se escuchan millones de idiomas y uno se siente como si estuviera en la Torre de Babel.
En la Babel bíblica existía una única raza humana que hablaba un solo idioma. En la historia bíblica los hombres y las mujeres se propusieron construir una torre que debía llegar al cielo. Pero Yahvè (dios) al darse cuenta del poder que tenía la humanidad unida, confunde a los hombres con distintos idiomas para que no pudieran entenderse, provocando que la torre quedara inacabada, y dando lugar al desentendimiento y dispersión geográfica del género humano.
En 1563 Peter Bruegel "El Viejo" finalizó su obra "La Torre de Babel", que hoy descansa en el Museo de Histórico de Arte de Viena.
Pero la Babel plurilinguistica y pluricultural contemporánea se encuentra fuera del museo y del cuadro. Lejos están los inmigrantes y los austríacos de hablar un mismo idioma (el alemán funciona solo como herramienta de inclusión laboral) que les permitiera levantar una gran torre que pudiera salvarlos de un segundo diluvio universal.
Salvar a los vieneses y, porqué no, a todos los hombres y mujeres de a pie, que habitan la tierra, de una segunda ira divina.
Esa tarea, esa torre que debe levantar la humanidad, dejando a un lado las diferencias de lengua, cultura, religión y cualquier distinción creada por la historia y la naturaleza, se hace cada vez mas difícil de cumplir.
Desde hace muchos años, siglos digamos, sopla un viento que impide el entendimiento entre los hombres. Un viento que se disfraza de progreso y que Walter Benjamin llamó tempestad, una tormenta a la que Marx estudió y comprendió como nadie, una catastrofe sobre catastrofe, una ruina sobre ruina que impide que los hombres lleguen al cielo para, finalmente, matar a dios y ser libres.
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