Elogio de la violencia intelectual
Por Ignacio Castro Rey
Leer no es sexy, es peligroso. En este punto tiene razón nuestra policía política inconsciente. Leer exige entrar en otro tiempo, atreverse a interrumpir el estrés ruidoso que nos salva del vacío y quedarse a solas, en una suspensión del sentido colectivo. Leer es atreverse a que "no pase nada", quizá para que ocurra algo en nosotros, algo que acaso habíamos aplazado. Si nuestro mundo marcha tan deprisa es porque teme lo que podría ocurrir en los pocos segundos que le concedamos al "tiempo muerto".

Por Eduardo Luis Aguirre

Intencionadamente, dejé transcurrir las 24 horas que suelen ocupar periódicos y redes colectando las opiniones con la que pontifican urbi et orbi los muchos escribas que poseen el envidiable don de articular aterciopeladamente palabras y frases.

 

Por Eduardo Luis Aguirre






La atmósfera de los intelectuales argentinos transcurre en una maraña de encuentros endogámicos y listas blancas autorizadas por sus propios miembros. Su connotación excluyente es histórica, por diversas razones se refleja con mayor nitidez en el puerto, pero el estilo y esa cerrazón impenetrables se han expandido desde hace décadas en la Argentina con la misma tonalidad sectaria.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 

El intento de caracterizar la noción de ideología constituye un desafío que interpela la propia existencia humana. La existencia de los sujetos y los modos de existir ideológicos de los mismos. Es decir, las distintas formas de concebir el mundo, las representaciones infinitas de la realidad, los sistemas de creencias, de intuiciones y percepciones sobre la exterioridad y la interioridad de cada uno, las expectativas y aspiraciones y nuestra mirada sobre el Otro.

Por Eduardo Luis Aguirre (*)

 

 

El golpe cívico militar perpetrado contra el presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 da cuenta de un delicado y complejo entramado internacional, que contó desde luego con la necesaria participación de las fuerzas armadas y de seguridad trasandina, su burguesía y una buena parte de las capas medias y altas de la sociedad chilena.

Por Jorge Alemán (*)

 

Durante toda la modernidad se ha pensado desde distintas vertientes, que las normas, las leyes, el Derecho, eran los resortes claves para el acceso a la Civilización.
Freud fue el más agudo en pensar las consecuencias neuróticas propias de ese modo de ingreso al orden simbólico. El acceso al discurso del Amo lo hubiera llamado Lacan.

Por Lidia Ferrari (*)

 

 

¿Es que la gente se está volviendo fascista? ¿ O es que una forma de fascismo puede transformarse en discurso dominante? ¿No es que el lenguaje preexiste al sujeto? Si ciertas coordenadas acerca de lo que se puede pensar y hacer se modifican, ¿por qué no se han de modificar lo que dicen los sujetos que escuchan y practican estos discursos dominantes? Si cada uno mira a aquellos que abrazan con fuerza discursos racistas y xenófobos, esos que tiene cerca, quizá no veamos a los peligrosos que tenemos en mente sino a unos humildes sujetos que repiten como loros frases agresivas y llenas de odio.

Por Eduardo Luis Aguirre


Más que ser abogado, a mí lo que me impulsó es la búsqueda que hoy mantengo de encontrar lo justo y lo bello (Vicente Zito Lema).

De hecho, la Ley produce la ira; en cambio, donde no hay Ley no hay transgresión (San Pablo. Carta a los romanos).

Como acontece de ordinario con los grandes procesos de aculturación y deculturación, nos ha de resultar difícil especificar con precisión histórica y cronológica cuándo fue que los Derechos Humanos, una categoría política, una bandera de lucha que obtuviera en nuestro país resultados sin precedentes a nivel mundial, se convirtieron por cuerda separada en un mantra de reproducción de las coordenadas del capital.