Una sociología jurídica colonial. El imperativo ético de la superación de los textos sagrados
Por Eduardo Luis Aguirre
 
 
Las premoniciones de Hardt y Negri sobre las tradiciones e instituciones jurídicas globales han quedado demasiado lejos en el tiempo, arrumbadas por el exceso de confianza de algunas de sus formulaciones en “Imperio” y el estado de excepción de naturaleza permanente que el neoliberalismo ha instalado de hecho en las democracias de baja intensidad contemporáneas.

"¡Unión, unión y seremos invencibles!"  (Simón Bolívar)

Imposible avanzar así. Sobre todo, si debemos  asumir fatalmente que la marcha hacia un nuevo formato de democracia popular insumirá un recorrido más largo. Porque partimos –ahora- de una vera mucho más precaria después de un retroceso que replica la debacle mundial y se hace propia, local, recalcitrantemente folklórica. Imposible revertir la cuesta si no se entiende ese mundo hostil, que es "este" sistema-mundo.

Por Eduardo Luis Aguirre

El pensamiento no se ve, ni se toca, pero pesa, decía el profesor Carlos Cullen (imagen) explicando a Rodolfo Kusch. La filosofía, entonces, no sería tanto el amor al conocimiento sino, por el contrario, una cultura que ha encontrado a su sujeto. Una cultura a la que lo peor que puede acontecerle es aferrarse a la razón iluminista antes que a las tradiciones, las emociones o los sentimientos del pueblo. Detenerse en analizar el “ser” antes que el “estar siendo”.

Por Eduardo Luis Aguirre

Desde hace aproximadamente tres siglos, cuando occidente produjo la invención de indudable rentabilidad de la categoría de niñez, se produjo un cambio discursivo fenomenal en materia de DDHH de niñas y niños (1).

Hasta ese momento, la infancia y el derecho que de ella se ocupa carecía absolutamente de una presencia significativa en el maltratado mundo de los derechos humanos de la colonialidad.

A principios de 2016, cuando en América Latina comenzaba a presagiarse la magnitud de la restauración conservadora, el prestigioso fraile dominico brasileño Frei Betto había adelantaba su opinión en el sentido de que una de las causas principales de los retrocesos en gobiernos progresistas en América Latina había sido el descuido en la formación ideológica de la sociedad. 

Hasta  bien entrada la semana pasada, la mayoría de los especialistas en política internacional se expedían de manera mayoritariamente concordante respecto de la sobreviniente elección, definitiva e histórica, de Brasil.

“Llegamos a la conclusión de que vivimos dos verdades, una ficticia, que percibimos, y otra real que apenas alcanzamos a vivir. La dimensión irreal de aquella y la dimensión demasiado real de ésta crean el conflicto” (1)
La noción postmoderna de “sociedad de riesgo” debe ser resignificada en clave decolonial para que pueda ser introyectada colectivamente en nuestro margen, de acuerdo con las singularidades propias de la región.
Como toda categoría epistemológica que intenta explicar los fenómenos que acontecen después del ocaso de las sociedades industriales, la idea misma de postmodernidad implica solamente una crítica interna de Europa hecha por los propios europeos. Que a veces nos concierne, y otras veces, no.

Hace algunas horas recibí en mi móvil un mensaje con el contenido de lo que sería un tramo de la exposición de Zaffaroni en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata.