Por Eduardo Luis Aguirre

Mi viejo, que tenía quinto grado y ninguna falta de ortografía, era un hombre del desierto. Vivió muchos años, décadas, en la inmensa llanura de los puestos. Conocía cada lugar, cada jagüel, cada estrella, cada salitre, cada páramo. Hacía de la introversión un modo de vida compartido por los oesteños. Al menos eso creía yo, hasta que conocí los poemas formidable de esos vientos eternos. Hasta que supe que la palabra -hecha poesía- se adhería al lenguaje como un complemento tan maravilloso como las cuerdas de las guitarras.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

"Sola por los bañados/sombra del agua/ ay que duros tus ojos /de águila /// ¿Qué flores recogías / triste Ofelia paisana: la flor del tamarisco/niña en su luz morada/la flor del rompearado/o un capullo de lágrimas? /Sola por los bañados/burla del agua/ ay que miedo en tus ojos/ de torcaza./// Ofelia del Oeste/prima de las chicharras/al aire saladino/ tu voz se deshojaba/: un silbo/un tarareo/una marchita gracia //Sola por los bañados/nunca del agua/con una flor y un canto/desesperada”. (Edgar Morisoli)

Derecho a Réplica, el sitio conceptual de la región, agradece a sus lectores y les desea un Año Nuevo fraterno, comunitario y profundamente humano. Reconoce también a quienes de una u otra forma hicieron que la palabra y el pensamiento circulara sin fronteras en nuestro espacio durante casi 15 años. Evocamos a Lidia Ferrari, Liliana Ottaviano, Ignacio Castro Rey, Jorge Alemán, Mariana Bezzone, Víctor Ternovsky, Diego Mauro, Raúl Zaffaroni, Modesto Guerrero, Enrique Ruiz Doménec, Francisco María Bompadre, Diego Tatián, Germán Palkowski, y tantos otros amigos y amigas que fortalecieron esta página hasta convertirla en una referencia de saberes diversos y palpitante actualidad.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 

 

¿Se abrirán de aquí en más las alamedas, por donde pasen las chilenas y chilenos libres? El discurso rotundo de Salvador Allende interpela la amplia victoria de Gabriel Boric sobre José Antonio Kast en la segunda vuelta del país trasandino. El nuevo presidente, el más joven de la historia de Chile (35 años), encarna un reclamo de cambios profundos en un país que fuera el epicentro de una prolongada y sangrienta dictadura y un largo experimento neoliberal al que el pueblo hermano parece haberle puesto un límite en las urnas.


Por Eduardo Luis Aguirre



La esperanza y los sueños, los ideales, suelen ser una cuestión problemática. La idealización del porvenir siempre colisiona con el límite infranqueable de la realidad, que no es otra cosa que la marca de la impiadosa finitud. Nietzsche afirmaba que la esperanza era el peor de los males, porque prolonga los suplicios de los seres humanos. Cada hombre traza gruesamente su propia, humilde e inconclusa épica. Sea que la misma se enrosque como una hiedra a la mezquindad de lo propio o, por el contrario, que la potencia, la voluntad, la fugacidad de la vida, se convierta en la militancia fatalmente inconclusa y utópica de transformar una parte microfísica de la realidad colectiva.

Por Ignacio Castro Rey (*)

 

 

Al ceder al espectáculo social la dureza de vivir, abandonamos el territorio desde el cual podemos ejercer una fuerza   (Anónimo)



Hemos atravesado también una pandemia de confusión. Tanto a nivel médico, como psicológico y social, tardaremos tiempo en saber lo que hemos pasado en estos últimos meses. Ahora mismo no es descartable ninguna hipótesis, de la más moderada a la más fantástica. Y esto no solo por la dificultad personal en cada uno de nosotros para ordenar tantas sensaciones contrapuestas en días de zozobra y encierro, no solo por las cien transformaciones que hemos atravesado sin quererlo ni saberlo.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

Hace algunas horas, Jorge Alemán escribió un artículo en un diario porteño, en el que sintetiza una línea de pensamiento que viene desarrollando desde hace tiempo. La idea del Entusiasmo como categoría de análisis es aplicada en ese texto como una de las formas de comprender las motivaciones de un acto masivo, ruidoso, pacífico, prolífico en la reiteración de las liturgias históricas que caracterizaron al pueblo argentino en momentos convocantes de su vida en común.

 

Por Eduardo Luis Aguirre

Acabo de leer en P12 un análisis de Nicolás Mavrakis (“Adiós a las cosas: el smarthfone se devora el mundo”). Hace tiempo que atendemos a los esfuerzos que el sistema mundo destina a hacer creer que hay una uniformización tecnológica que aplana las diferencias y que el mundo se deshace de lo tangible. 

El problema de la técnica desvelaba a Heidegger hace 80 años, más o menos. Es una continua estratagema del capitalismo neoliberal pensar y hacer pensar con citas de autoridad que la materialidad de lo corpóreo se desvanece en los dispositivos. Ahora se añade a esa forma de colonialidad la “inteligencia artificial”, el nuevo mantra de la dominación que habrán de intentar agudizando las contradicciones y profundizando las desigualdades.