Eugenio Raúl Zaffaroni recibió el “Premio Estocolmo en Criminología 2009”, el máximo reconocimiento en Criminología, que instituye el gobierno de Suecia, y que posee una relevancia comparable a un Premio Nobel en nuestra materia, que le será entregado el próximo 23 de junio en la Universidad de Estocolmo. Es la primera ocasión en que se reconoce con este lauro a un especialista no angloparlante. El tema de la investigación galardonado abarcó el estudio de formas de prevención del delito de genocidio.


“Los jueces, fiscales y abogados no salen de una incubadora, sino de las universidades, que somos las usinas ideológicas del sistema penal”

¿Cuál o cuáles son, a su entender, los instrumentos para acotar la violencia –legitimada e ilegítima- de los aparatos represivos del Estado en América Latina?.
“Primero, sería necesario jerarquizar a las policías y convertirlas en verdaderas policías comunitarias. El gran peligro de los aparatos de poder aquí no son los servicios de inteligencia, sino las policías comunes, que se autonomizan. De este modo reciben el poder que otrora era de las fuerzas armadas y comienzan a protagonizar golpes de estado. Si bien no asumen el poder, derrocan políticos cuando no les gustan (caso Rio de Janeiro, golpe interno en Plaza de Mayo en diciembre del año 2001). Sería necesario permitir que se sindicalicen para desarmar el poder de las cúpulas corruptas, terminar con la recaudación y las cajas y darles salarios y condiciones dignas de trabajo. En otro orden sería necesario reforzar la selección de los magistrados por concurso en toda la región y la autonomía de los poderes judiciales. Desde lo académico impulsar discursos realistas y no meramente tecnocráticos. Despertar la conciencia jurídica hacia la verdadera función de lo judicial, que es de contención y de vigilancia de las agencias ejecutivas”.


¿Hacia dónde cree que evolucionarán finalmente las nuevas formas de violencia estatal frente a las protestas colectivas y, en su caso, por qué motivos? Cómo aprecia que podría evolucionarse hacia una idea de resolución de conflictos que rompa y supere la lógica binaria de responder a la creciente violencia social con mayor violencia de las agencias estatales?

“Evolucionan hacia el aumento de las contradicciones entre los sectores excluidos. Criminalizados, victimizados y policizados provienen del mismo sector social excluido. El fomento de la violencia entre ellos es funcional al mantenimiento de sus condiciones de exclusión. En tanto se maten entre ellos no tomarán conciencia de su situación y no podrás coaligarse y tener protagonismo político. Es la forma de controlar socialmente y por la violencia a la masa de pobreza generada por los programas de contracción económica del FMI que buscan reducir las importaciones con la disminución del consumo, para mantener balances comerciales favorables que produzcan divisas y permitan el pago de los intereses de la deuda externa. El pronóstico es negro si continúan las presentes condiciones. Cambiará si se logran aumentar las exportaciones con valor agregado o si una conmoción política genera conciencia social en los excluidos. La técnica de control social de los excluidos no será rodear las villas y favelas con los cosacos, sino hacer que se maten solos. Es lo que no entienden quienes piensan en el siglo pasado. Para que esto se produzca se necesitan varias condiciones: 1) de política general, o sea, conciencia política en la clase dirigente. Creo que el vacío no se sostiene, algo va a suceder, es la lógica de la política, ningún espacio queda vacío y las viejas dirigencias están agotadas. 2) condiciones económicas, no es comprensible que el 5° exportador de alimentos del mundo tenga gente buscando hamburguesas podridas en la basura, que una población entrenada a la producción industrial tenga un 30% de desocupación mientras se exportan productos sin valor agregado, ganado en pie, petróleo crudo, etc.
3) las ONGs, las iglesias, los movimientos barriales, en algún momento se darán cuenta de que la lucha por el poder es lucha por el saber y el know how. Es inevitable. Empezará una competencia por el saber entre excluidos e incluidos. El 70% de la población no se va a suicidar, de eso estoy seguro. 4) Los medios masivos tendrán que asumir cierta responsabilidad o se desacreditarán totalmente ante la población”.
¿Puede esperarse que “esta” agencia judicial opere efectivamente como límite al poder punitivo estatal, atento a las rémoras de una ideología conservadora y una extracción de clase (una cultura, en suma) más compatible con el statu quo que con actitudes democráticas y progresistas que caracteriza a muchos de sus integrantes? La misma pregunta le formulo respecto a la agencia policial, en muchos casos sospechada de represión y corrupción.

Creo que si se sindicalizan las policías, por su extracción social y por su experiencia directa con la realidad cotidiana, producirían un cambio bien profundo a mediano plazo. El problema es que hoy hablan por sus cúpulas y éstas son corruptas porque las estructuras les exigen que lo sean. Una discusión horizontal de las condiciones de trabajo las cambia. En cuanto al judicial, creo que la selección por concurso cambiará notoriamente su perfil. Además, hay una responsabilidad que es nuestra. Debemos generar discursos progresistas en el campo jurídico. La academia, con su encierro, su tecnocracia, su formación de abogados tradicionalista, es bien responsable de lo que sucede. Incluso los sectores progresistas, que hicieron un discurso político pero no técnico, como si fuesen esquizofrénicos. Creo mucho en el poder del propio discurso jurídico, al menos para crear mala conciencia en la gente, lo que no es secundario. La mala conciencia es un motor importante.

Finalmente: ¿qué rol adjudica a los juristas y académicos más o menos allegados a las disciplinas penales, en orden a la construcción de un nuevo abordaje con relación a los conflictos y la violencia social del continente?
Vuelvo a lo anterior. Los jueces, fiscales y abogados no salen de una incubadora, sino de las universidades, que somos las usinas ideológicas del sistema penal. Si seguimos con discursos de tipo neokantiano, o parecidos, enseñando que somos técnicos y no políticos, y nos olvidamos que una dogmática jurídica es un programa político que debe ser aplicado por un poder del estado, estamos jodidos y no haremos nada. Si respondemos a nuestra realidad y a sus necesidades y hacemos un discurso técnico orientado a una política progresista, es lógico que no todos lo asuman, pero por lo menos habrá siempre un discurso alternativo y eso genera mala conciencia incluso en los que se refugian en lo aséptico y repiten la experiencia del neokantismo mezgeriano, que pasó desde el imperio guillermino hasta la república federal diciendo lo mismo, como si nada cambiase. No podemos seguir esos caminos en Latinoamérica, salvo que pensemos en darle un discurso a una corporación para que pase por sobre el genocidio sin mirar.



Un reportaje de Eduardo Luis Aguirre.


* Aclaración: Este reportaje fue efectuado el 16 de julio de 2002, en el marco del Doctorado en Sociedad de la Información y el Conocimiento de la UOC, y de la asignatura “Gestión del Caos. Introducción a la Conflictología”.
Por Francisco María Bompadre
La película “El experimento” fue dirigida por Oliver Hirschbiegel en el año 2000. Este film es una ficción sobre un estudio real que se hizo en los EE.UU bajo la dirección del profesor Philip Zimbardo en los principio de los años 70. Las investigaciones llevadas a cabo tenían por objeto estudiar y analizar la obediencia a la autoridad y captar la esencia de la actitud obediente y voluntaria. Si bien pensado para durar dos semanas, el experimento real debió suspenderse a la semana de estar en ejecución por miedo a que se produjera en los voluntarios un daño irreparable en sus cuerpos y mentes.

En dicha ficción, se buscan voluntarios para participar durante 14 días en un experimento acerca de una prisión simulada; la oferta se publicita en un diario de circulación masiva, y se ofrece a cambio de la participación un considerable suma de dinero. El experimento se centra sobre la conducta en la cárcel, destacándose el análisis en la obediencia/desobediencia a la autoridad.

La dirección del experimento está a cargo del profesor Thon, quien se encuentra asistido por la doctora Grimm y un encargado de vigilar y monitorear las cámaras de vigilancia. Una vez que los voluntarios se encuentran reunidos en una sala de espera, la doctora Grima presenta al profesor Thon y éste les dice que son muy valientes en participar en el experimento: los voluntarios en su mayoría se ríen, todo sucede un clima de humorismo y soltura, pero el profesor les aclara que habla muy en serio. Luego presenta el experimento diciendo que cada uno de ellos serán presionados y presionarán, que se va a tratar de una experiencia nueva, y que algunos de ellos deberán renunciar a sus derechos civiles durante dos semanas (plazo estipulado del experimento). El profesor Thon les aclara que no deben subestimar la renuncia a sus derechos civiles, y les pregunta si alguno desea abandonar el experimento: obteniendo por resultado que nadie lo hará.
Entre las reglas se establece como prioridad la seguridad de los voluntarios, y el no uso de la violencia, bajo sanción de ser expulsado del proyecto. Acto seguido el profesor pide que se pongan de pie determinados voluntarios que son asignados al rol de guardiacárceles, y a quienes se les da los uniformes y los elementos (esposas, silbatos, bastones, etc.) necesarios para desempeñar sus tareas. Todo el ritual de vestirse, ponerse el uniforme, tomar los bastones, las esposas, etc., es realizado por los guardiacárceles con mucha diversión y haciendo bromas entre ellos. El profesor Thon les dice que a partir de ese momento son guardiacárceles, y su trabajo es mantener la paz y el orden, y que se acaten las reglas. También les dice que su primer asignatura es explicarle la situación a los prisioneros. Pasan a los bañarlos en las duchas con mangueras y les dan un camisón para ponerse, que lleva un número que los identifica, un par de hojotas para calzarse y no tienen ropa interior para usar. Luego, van todos hacia las celdas para asignarlos. Son llevados por los guardiacárceles y durante el recorrido, en un clima de entusiasmo y relajación, un guardia llama la atención de un preso por el número que lleva en su bata. Esto provoca que todos los internos miren qué número le toco a cada uno de ellos. Hacen fila y entran por un pasillo hacia las celdas. Los guardias les piden a los prisioneros que se formen detrás de la línea blanca trazada en el suelo del pasillo de las celdas. Uno de los guardias les lee las reglas a los prisioneros: la primera regla establece que se los identificará y se identificarán entre sí sólo por el número que llevan. La segunda establece que a los guardias se los llamará “Sr. Guardia de Prisión”. La tercera regla expresa que cuando se apaguen las luces los prisioneros no deben hablar entre sí (hasta ese momento aún persiste un clima de camaradería, ejemplificado en el caso que uno de los prisioneros al escuchar esta regla contesta “entonces cantaremos”). La cuarta, establece que los alimentos se deberán consumir por completo (uno de los prisioneros retruca entonces “léanos el menú”, y todos los demás aplauden). La quinta regla obliga a obedecer inmediatamente cada orden de los guardiacárceles. La sexta, sanciona la desobediencia de una orden con un castigo que no se especifica; y ante la consulta de un interno sobre el tipo de sanción un guardia expresa que son flexibles. Finalizado esto, los internos son ubicados de a tres por celda. El lugar cuneta con cámaras filmadoras para que se pueda ver lo que está sucediendo. El líder que asume el rol de tal desde el principio es un ejecutivo, que según sus propias palabras en la entrevistas personal con los responsables del experimento expresa que “varias personas trabajan para mi”. Ninguno de los voluntarios tuvo algún tipo de experiencia en prisión alguna, por lo que no se puede atribuir sus conductas a esas experiencias previas que en este caso están ausentes.

Primer Día: Una vez realizadas las cuestiones formales y ubicados los internos, los guardias los dejan pasar el tiempo libremente. Varios de los presos se ponen a jugar al básquet y como les falta un jugador para completar el juego, invitan a uno de los guardias, que si bien titubea al principio luego accede y se pone a jugar; en ese momento el líder de los guardiacárceles (Kamps) le dice y le hace señas para que salga de ahí y no se mezcle con los presos. Hace sonar el silbato poniendo a los prisioneros detrás de la línea blanca, pero uno de los internos sigue picando la pelota de básquet y se la da a 77, quien se la tira a un guardia (Eckert) y se cae al piso por el golpe de la pelota que lo agarra desprevenido. Luego en la cena se da un nuevo conflicto entre guardiacárceles y prisioneros, cuando el preso 82 (Schütte) no quiere tomar su leche (cumplimiento de la regla cuarta) y Eckert le dice que debe tomarla igual, momento en que nuevamente interviene 77 y la toma él: y le dice al guardiacárcel “uno a cero a nuestro favor”. En ese momento 77[1] se ha ubicado en el rol de líder de los internos. Frente a esta situación el líder de los guardias los obliga a terminar de comer en dos minutos, pero no sanciona a nadie. Cuando todos los internos vuelven a las celdas, el compañero de 77 que leva el número 38[2] le dice a éste que fue un idiota por lo que hizo.

Una vez que están todos los internos dentro de sus celdas se apaga la luz y Eckert les dice a los internos que no se habla más, y cuando un interno le retruca qué sucederá si alguien habla, el guardia titubea y lo amenaza con que lo hará hacer lagartijas. Cuando todos los guardias se juntan en su lugar a comer, el líder de los guardias Kamps le dice a Eckert que no se deje manipular por los internos, y pasa a charlar con el resto de los guardias sobre los hijos de cada uno, cuando Eckert sale rápidamente caminando hacia las celdas, llega a la de 77, le dice que salga y se ponga a hacer lagartijas. Por su parte, 77 le dice que no tiene inconvenientes en hacerlas pero que se lo pida de una manera más amable; entonces Eckert hace salir a los dos compañeros de celda de 77 y los pone a los tres internos a hacer lagartijas. Uno de los momentos importantes es cuando el guardia fanfarronea y le dice a 77 que mientras hace las lagartijas le bese los pies. Finalmente, Eckert se dirige al lugar donde se reúnen los guardiacárceles, y cuando entra todos los demás lo felicitan por lo que hizo.

Segundo día: Los guardias sacan de las celdas a los internos, y los llevan a desayunar. En el camino, Eckert riéndose les pregunta a los presos de la celda tres si no les duele un poco los músculos, en obvia alusión a las lagartijas que les hizo hacer la noche anterior. Una vez en el desayunador, se vuelve a plantear el problema de la leche que el 82 no quiere tomar. Como 82 alega que no puede hacerlo porque le falta una encima que no le permite beber la leche y esto hace que la vomite, los guardias entonces lo sancionan y lo obligan a hacer lagartijas; ante esta situación, nuevamente 77 asume el rol de líder de los internos y los levanta a todos de la mesa para que hagan las lagartijas solidarizándose con 82 (y circunstancialmente eliminando el hasta ese momento único método de sanción que utilizaron los guardicárceles). Una vez que los guardicárceles se encuentran solos empiezan a discutir lo sucedido en el desayunador, y al margen de las cuestiones que desencadenaron los hechos de desobediencia, algunos llegan a la conclusión que el problema es el interno 77. Como puede apreciarse el segundo día comienza con una situación de violencia que supera a la ocurrida en la noche del primer día. Es decir que los guardiacárceles no han podido frenar aún el conflicto y el desafío que 77 planteó el primer día del experimento. Dos guardiacárceles (Eckert y Berus) se dirigen a la celda donde habita 77 y le desarman la cama que el interno ya había tendido, tirándole las sábanas fuera de la celda, a los pasillos. Eckert le dice a 77 que contará hasta tres para que 77 comience a hacer su cama, y cuando va contando 77 amaga con salir de la celda para buscar la sábana y así tender la cama, pero cuando está saliendo empuja a Berus hacia dentro de la celda y los encierra a los guardias junto con sus dos compañeros de celdas que se encontraban dentro de las mismas. En ese momento todos lo prisioneros empiezan a festejar, a gritar y a exigir una serie de reclamos (TV por cable, pizza, revistas pornográficas, etc.). Durante el alboroto de los internos entra uno de lso guardias a rescatar a sus compañeros encerrados en la celda y es agredido por los internos que le tiran con cosas, por lo que finalmente se van corriendo los tres guardias bajo una avalancha de objetos y ropa que les tiran los internos. Por lo que puede verse, la situación se encuentra notablemente desfavorable a los guardias dado que su misión de mantener el orden y la paz no ha sido aún lograda.

Los guardicárceles empiezan a discutir cómo restablecer el orden, exponen que ellos son 8 mientras que los internos son 12. El líder le pregunta a Berus qué opina dado que siempre está en silencio, y Berus le contesta que una vez leyó que en una situación como esa lo que se tiene que hacer para obtener el control es humillar a los internos. La moción tiene quórum entre los guardias, y Berus comenzó en ese momento a demostrar ciertas actitudes que luego le permitirán asumir como líder de los guardiacárceles[3]. Los guardias apagan las luces de las celdas y el pasillo, entran con linternas para poder ver y encandilar a los internos, y llevan extinguidotes de incendio que vacían sobre los cuerpos de los internos a los que además obligaron a desnudarse. Al interno 77 lo hacen desvestir, lo esposan y lo sacan fuera de la celda dejándolo esposa junto a las rejas que están frente a las celdas (una forma de publicitar a los demás internos lo que les puede suceder a aquellos que desobedezcan). Los guardias vuelven a su lugar de reunión, y comienzan a hablar sobre lo que hicieron,; uno de ellos plantea si no se habrán excedido, y otro le responde que no porque los de arriba (el profesor y la asistente del experimento) no habían dicho nada.

El profesor Thon reúne a los guardias y les dice que cumplieron con su deber: restauraron la paz y el orden, y que deben seguir así, pero tienen que recordar actuar de forma apropiada y que el próximo conflicto deben resolverlo de otra manera. Aquí finaliza el segundo día, de una manera bastante particular, dado que los guardias han recibido instrucciones contradictorias: por un lado los felicitan por restablecer el orden y la paz en el lugar, y por el otro les dice que el próximo conflicto debe ser resuelto de otra manera, de lo que cabe concluir que esta manera entonces no fue la apropiada. No fue una buena señal desde la dirección y los responsables del proyecto.

Tercer día: Los guardias hacen salir a los prisioneros de las celdas, y el líder Kamps empieza a hablarles y les explica a los presos que nadie quiere que se vuelva a repetir lo de la noche anterior y les pide que se mantengan en términos razonables.
En el desayuno 82 vuelve a dejar la leche sin tomar, y al ser obligado a tomarla vomita cuando lo hace, frente a lo cual Eckert se justifica diciendo que son las reglas que hay que cumplir. Después del desayuno se dirigen a las celdas y se produce un nuevo conflicto entre Berus y 77 cuando este último le increpa al guardia haberse excitado cuando vio a 77 desnudo y además tener un olor muy fuerte, Berus reacciona y está a punto de golpear a 77 pero logra tranquilizarse y los otros guardias se los llevan. Los guardias se ponen a tomar alcohol -que está prohibido- y van a buscar a 77 como habían decidido previamente, para humillarlo nuevamente a él solo. Se lo llevan entre tres guardias, le tapan la boca con una cinta para que nadie pueda escuchar sus gritaos. Lo llevan al sótano del lugar donde los guardias no pueden ser filmados[4], lo sientan enana silla atado con cintas. Mientras la mayoría de los guardias hace chistes y molesta al ahora indefenso 77, Berus grita alto y saca una máquina para cortar el pelo, y varios guardias le van cortando un poco cada uno, mientras Berus le dice que al otro día presente una solicitud de renuncia al experimento. Luego lo tiran al piso y algunos guardias lo orinan. Siempre hay un guardia -Bosch- que se mantiene al margen de este tipo de acciones.

Cuarto día: Los responsables del experimento le hacen una serie de preguntas a 77 dado que tiene el pelo rapado y además los guardias les dijeron al profesor Thon y a la doctora Grimm que 77 había solicitado la salida del proyecto. A la cuestión del corte de pelo el interno explica que se lo pidió a los guardias porque le picaba el pelo, pero niega haber hecho una solicitud y dice que puede deberse a una confusión. Luego de esto los guardias llevan a 77 a las celdas y el líder Kamps les avisa a todos los demás presos que si 77 no se comporta, todos tendrán que pagar por él. Los internos son llevados a una sala para que escriban una carta a quien deseen, 77 se guarda la carta que escribe para el director del diario para el que trabaja y rompe delante de Berus las hojas en blanco que le sobraron, quien por su parte le expresa que si no le gusta escribir cartas será ésta entonces la última oportunidad en que lo haga. Una vez que están todos los internos en sus celdas, el 69 entra en una crisis emocional. Los guardias dicen que de ahora en adelante a 69 se lo va a llamar “la mariquita”. Más tarde 69 se entrevista con el profesor Thon y la doctora Grimm y les plantea que se quiere ir del proyecto, pero éstos le preguntan a 69 qué sucedería si no lo dejasen ir. Entonces 69 contesta que la participación es voluntaria y que puede marcharse cuando quiera; respondiéndole los directores que al otro día le informarán de la decisión que tomen, lo que sorprende a 69 dado que no quiere volver a las celdas. Finalmente 69 es colocado en el pasillo de las celdas mirando para abajo. Una nueva crisis se produce cuando el preso 53 se descompensa emocionalmente: cuando los guardias tratan de tranquilizarlo, 53 golpea a varios de ellos (incluido el líder Kamps) hasta que Berus lo golpea muy fuerte con el bastón y lo neutraliza. Esta situación provoca una nueva discusión entre el profesor Thon y la asistente Grimm, que pretende sacar a Berus del experimento (por haber ejercido violencia, que está prohibido) para así evitar una escalada. El profesor se niega dado que considera a Berus y a 77 como los dos factores dinámicos del experimento, y sacarlo sería como abortar el experimento. Berus entonces logra quedarse, pero la asistente le comunica que si vuelve a golpear a un preso lo expulsa del experimento. Berus le responde que hizo lo necesario para restablecer la paz y el orden, y luego le explica a la doctora que ella no debe decirle cómo debe hacer su trabajo, y que si existe algún problema que se lo diga el profesor Thon[5]. Durante esa noche 77 sufre un ataque de pánico y su compañero de celda -38- le dice que la actitud que está teniendo lo pierde, que debe entender que se trata sólo de un juego. Pero 77 le responde que no se trata de un juego. Un poco más tarde los guardias entran a 69 a la celda junto con 77 y 38.

Quinto día: El día comienza con la imagen de 69 orinándose en la cama, y despertando de esta manera a 77 que duerme debajo de él. Cuando va a ver qué está sucediendo, 77 se da cuenta que 69 está muy mal y pide la ayuda de los guardias. Una vez que se llevaron a 69 y 77 se tranquiliza ve que en el pasillo de las celdas los guardias han puesto una caja negra a prueba de luz y sonidos, que hará de nueva celda[6]. Los guardias sacan a los presos al pasillo de las celdas, y Berus (ya líder indiscutido entre los guardiacárceles) les dice que es el día de visitas, y le pregunta a 82 si va a recibir alguna visita de alguien (sabiendo que no, dado que no tiene amigos ni familiares) y le toma el pelo a 82 hasta que 77 reacciona y es sancionado por intento de agresión a un guardia. La sanción consiste en limpiar los baños con su bata, y se posterga la visita hasta que 77 termine su tarea de limpieza. Luego de limpiar los baños 77 debe ponerse por orden de Berus la misma bata que usó en la limpieza. Terminada la tarea, vuelve 77 a la línea blanca del pasillo de las celdas donde lo aguardaban los demás presos y el resto de los guardias. En ese momento Berus dice que el que apeste no podrá recibir a las visitas, por ende 77 es sancionado y se queda en su celda solo, mientras el resto de los internos va al encuentro de sus visitas. Pero después de un tiempo llega el guardiacárcel Bosch y le da a 77 una bata limpia para que así pueda recibir a su visita. Cuando van caminado para la sala de visitas 77 le dice a Bosch que debe ayudarlo, dándole a su visita la carta que 77 le entrega en ese a Bosch. Luego de finalizada la visita el guardiacárcel Bosch va a entregarle la carta de 77 a la visita de éste, pero es interceptado por Berus, que descubre todo el plan. Al mismo tiempo la asistente del proyecto le dice a Eckert que quizás aborte el experimento, que el profesor Thon está de viaje y que ahora ella se encuentra a cargo del mismo momentáneamente.

Los guardias retrasan el cambio de turno porque están discutiendo qué hacer. Ponen la música bien alta, sacan los videos de las cámaras para que no se grabe nada. El plan de Berus consiste en sostener que el 77, la doctora Grimm, la novia de 77 y el guardiacárcel Bosch quieren arruinar el experimento; y que dado que el profesor Thon no se encuentra en el lugar, aprovecharán para hacerlo en ese momento. Berus les plantea al resto del grupo que debe tratarse de una prueba para ver cómo reacciona el grupo de los guardias. Y propone que todos los guardiacárceles se encierren hasta que vuelva el profesor; y que vayan reaccionando según los sucesos que se dieran. Decidido esto, los guardias colocaron una bata como la de los presos a Bosch y al asistente encargado de controlar las cámaras de video[7]. Los guardiacárceles hacen salir a 77 de la celda y les explican al resto de los prisioneros que un guardiacárcel y el 77 intentaron atacar el penal, y que el guardia fue suspendido y ahora es uno más de ellos. Entonces meten a Bosch en la celda (más tarde al asistente) y golpean a 77 y lo introducen en la caja negra. En ese momento el 38 exige que se aborte el experimento por violación a los derechos humanos, y el 82 le grita a Berus que es un cerdo nazi y lo insulta. Berus lo hace salir de la celda y le pega un bastonazo en la cabeza desmayándolo; en ese momento los otros guardias lo miran a Berus como desaprobando la acción, pero nadie lo enfrenta. A todos los prisioneros se les coloca una cinta en la boca. Mientras tanto 77 se encuentra dentro de la caja negra y al encontrar un destornillador dentro de la misma, comienza las tareas para tratar de salir de la caja negra. La asistente del experimento también fue tomada prisionera y metida en una celda como los demás presos. Por su parte, Berus ha anoticiado a todos los presos que se ha decretado el estado de emergencia. En un determinado momento el antiguo líder de los guardiacárceles se enfrenta a Berus, negándose a sostener el estado de emergencia y el uso de la violencia, y propone que esperen la llegada del profesor, pero Berus lo desafía y le dice que puede irse si así lo desea.

Cuando 77 logra salir de la caja negra, Eckert estaba intentando violar a la asistente Grimm, y al escuchar el ruido que hizo la tapa de la caja negra al caer al suelo, intenta detener al 77, pero no puede y es reducido, le saca las llaves y se liberan los presos. Cuando 77 y 38 van a ayudar a 82 se dan cuenta que está muerto. Luego viene el escape del lugar de lso prisioneros y la persecución de los guardias. En las ultimas imágenes se ve a un Berus derrotado frente a 77, a quien quiso matar y no pudo: el hombre que en siete años nunca había llegado tarde al trabajo, había sí llegado demasiado lejos en el acatamiento a la orden de la autoridad, en este caso el profesor Thon. El saldo del experimento fue de dos muertos y tres heridos. Y se salió de control al segundo día de iniciado el mismo.

Pareciera ser entonces que personas normales que no demuestran patología alguna, insertos en un determinado dispositivo de poder terminan realizando ciertas acciones que en término abstractos negarían ser capaces de realizar. Justamente, es el diseño de un dispositivo determinado de poder el que va a permitir unas acciones y no otras. El dispositivo establecido en la película “El experimento” divide a los sujetos en dos bandos distintos. Uno es el que tiene la capacidad de sancionar y ejercer dominación no violenta, y el otro que debe obedecer y acatar las órdenes de la autoridad que funciona en el dispositivo. Ahora bien, es este un dispositivo muy particular dado que en principio tiene una autoridad en común por sobre guardias (que es la autoridad intra-dispositivo) y los prisioneros: El profesor Thon y sus colaboradores. Y la segunda característica particular viene dada por la modalidad temporal de conformación: entran todos los sujetos al mismo tiempo al dispositivo. Esto va a manifestarse en varias circunstancias y momentos del experimento, dado que no ha habido una transmisión del saber-poder de unos individuos hacia otros. Esto explica que en el primer día no se sepa qué responder por parte de los guardias ante la pregunta de un interno sobre cuál va a ser la sanción ante un determinado incumplimiento por parte de ellos. Y también explica que sea la persona que en el afuera (en la sociedad) está más jerarquizada (el ejecutivo) quien desde el comienzo pretende ser el líder de los guardias, cuando la lógica de poder debiera potenciar al guardia más hábil para hacerse obedecer, que es claramente Berus. También el dispositivo es interferido porque no todos los participantes dicen la verdad y algunos de ellos tienen objetivos propios que son más importantes que la obtención del dinero que se les ofrece por participar. Se pueden encontrar casos muy claros de voluntarios que no asumen el rol que se les ordena que asuman: los casos más claros son 77 (desde el inicio del experimento) y el guardia Bosch (tibiamente desde el principio y más evidentemente a medida que pasan los días: recordemos que es el único que mata a otro guardiacárcel -a Eckert-). Y pendulando sobre estos participantes encontramos también a 38 (militar encubierto) que a medida que pasa el tiempo comienza a actuar dejando de lado su papel (informar a sus superiores y no dejarse manipular) y Berus, quien va de menor a mayor construyendo un personaje que termina destruyendo el mismo dispositivo que pretende estar fortaleciendo: lo que para él es una prueba que va a fortalecer el rol de los guardiacárceles, “una prueba para ver cómo reaccionamos” según sus palabras, termina haciendo necesario la finalización del experimento.

Un párrafo a parte merecen los directores del proyecto, el profesor Thon y la doctora Grimm, dado que uno por excesivo interés científico y la otra por no animarse a renunciar a ser parte de lo que consideraba que ya no podía controlar, facilitaron en buena medida una escalada de violencia que superó a todas las predicciones científicas. Como bien describe Bauman respecto al rol que jugaron muchos de los científicos durante el nazismo: “Lo que los científicos desean es simplemente que se les permita ir allí donde les lleve su sed de conocimientos. (...) Casi todos los científicos, a cambio, estarán dispuestos a renunciar a una larga lista de preceptos menores” (2006:135). Thon sucumbe a los aspectos que podría llegara a descubrir con la continuación del experimento, poniendo en un lugar secundario varios aspectos que son éticamente superiores al conocimiento. Y la doctora Grimm responde como una especie de burócrata al no decidirse a cancelar el proyecto cuando ella considera que se está yendo de control.
El dispositivo de poder facilita, potencia y promueve ciertas conductas, pero indudablemente no explica a la totalidad de ellas: ahí radica al dificultad de establecer los diferentes grados de responsabilidad entre los distintos protagonistas.

[1] El participante 77 (Tarek) es presentado desde el inicio con un objetivo distinto al de la mera obtención de dinero por parte de los organizadores del experimento. El es periodista, cuestión que oculta en la entrevista personal, y su objetivo es publicar luego la historia en la prensa, para lo cual incluso tiene unos anteojos con una pequeña camarita de video que filma lo que va sucediendo. De ahí que no sea extraño que 77 haya provocado ciertas situaciones para ver como se desarrollaba el conflicto y la lucha de poder entre guardias y presos.
[2] El participante 38 también es un caso de interés, dado que se trata de un militar que está de incógnito, que tiene el objetivo de reportar todo lo sucedido cuando el experimento finalice, y no debe dejarse manipular por los guardias ni por los presos. Por eso en general desaprueba las conductas de 77 que son siempre desafiantes a la autoridad de los guardias.
[3] Creemos que esta actitud de Berus le permitió erigirse como líder, dado que si bien en lo formal el rol lo siguió ocupando Kamps algunos días más, sus órdenes son dadas generalmente en situaciones de normalidad y calma; muy diferente a las intervenciones de Berus que se dan cuando la situación está descontrolada y nadie de los guardias atina a dar una solución.
[4] Cuando los responsables del proyecto ven cómo los guardias se llevan a 77 con la boca tapada, la doctora Grimm le plantea al profesor Thon que una agresión seria al cuarto día es muy preocupante, pero el profesor decide seguir adelante.
[5] Este es uno de los momentos más críticos de toda la película, dado que en una situación que debiera ser absolutamente controlable por parte de la asistente Grimm (se encuentra sola con Berus, éste ni siquiera lleva el uniforme puesto y se halla fuera de la zona del experimento, etc.) al no renunciar en ese momento o bien lograr la expulsión de Berus, consintió de alguna manera seguir siendo responsable de una situación que se encontraba fuera de su control.
[6] Cuando la asistente ve por las cámaras de video la caja negra le plantea su objeción al profesor Thon. Este le explica que es solo para ejercer presión psicológica. Pero la asistente no queda conforme y le contesta a Thon que el 53 y el 69 están en el hospital; que el 82 sufre depresión; que hay impotencia, pérdida de la noción de la realidad y desorientación. No obstante esto, el profesor alega que en cinco días se logró sumisión, violencia subliminal y pérdida de individualidad. La asistente le retruca que ya se alcanzó la meta que se habían fijado; pero el profesor le dice que están pasando por un momento estable, y que pueden ver aspectos que no han podido predecir, y que se tata de un experimento único en el mundo y que aún les quedan nueve días más. La asistente, resignada, le dice que quizás sea un error, que siente que están perdiendo el control y que no puede seguir siendo responsable. Pero Thon le dice que ellos pueden intervenir cuando quieran, y que en pocas horas debe reunirse con los miembros del Comité y que para seguir necesita su apoyo.
[7] Antes de ser atrapado como prisionero pudo dejarle un mensaje en el teléfono al profesor Thon sobre la situación descontrolada que se estaba viviendo en el penal.
por Eduardo Luis Aguirre

En medio de la efervescencia de un país sacudido en sus históricas seguridades portuarias, en plena disputa irresuelta por la capitalización política e ideológica de la protesta social, algunas formas inéditas de los colectivos insurreccionales comienzan a preocupar a diestra y siniestra, desde hace algunos años a esta parte. Es natural que así ocurra.
Los piquetes, las movilizaciones, los escraches de lógica transitiva, los cacerolazos, saqueos y tantas otras formas novedosas de expresión popular comienzan a despertar reacciones a medida que se ensanchan y multiplican sobre el territorio nacional.
Muchas de esas reacciones tienden previsiblemente a intentos infructuosos de (re) encontrar formas de restitución o recomposición del antiguo stato quo. ....

Traspasadas por la ingenuidad esperanzada de un retorno (aquí sí) imposible, o ganadas lisa y llanamente por una ideología funcional a la reproducción de las formas históricas de explotación social (esta vez más violentas y regresivas), la ola reactiva clama por el "orden" perdido de la sociedad añorada.
La sociedad heredera del pensamiento oligárquico hegemónico que se retroalimentaba de los mitos fundacionales de que "se vive un mundo justo" y que (solamente) el esfuerzo propio garantizaba las metas de ascenso social.
La influencia positivista de este razonamiento "pseudocontractualista de adhesión" señala como principio y fin de todos los males a lo distinto, lo inorgánico y disfuncional, a lo que intuye en definitiva como disparador puntual del "des-orden" incurrido.
La protesta en las calles, a través de sus distintas formas, es un blanco fijo para encontrar una explicación necesariamente simple a lo que ocurre y lo que está por venir.
La apelación maniquea se completa con un reclamo de mayor rigor punitivo en contra de los manifestantes y para hacer frente al nuevo caos que presagia un nuevo orden.
Detrás de esta consigna se encolumnan dirigentes de distinta extracción, periodistas de diferente pelaje aunque análoga filiación conservadora, y opinólogos internacionales de potencias "democráticas" escandalizados por el “deterioro de la calidad institucional” y los derechos de los “ciudadanos”, amenazados por hordas suburbanas “clientelares”, temibles e insurrectas.
La criminalización de la protesta social, como escribe Juan Fernández Bussi, configura en última instancia la nueva y redoblada apuesta del establishment para re-disciplinar al conjunto en derredor de voces que advierten sobre las consecuencias de una hipotética y nunca bien explicada "anarquía", por oposición al orden perdido.
La reacción es, como digo, esperable, entre otras razones porque la experiencia misma del cambio social en la Argentina permite trazar paralelismos históricos llamativos.
Por cierto que la tentación incontenible de utilizar nuevas formas de penalización frente a las amenazas al orden instituido no es novedosa. Antes bien, y por el contrario, desde el fondo de la historia acuden a la memoria fenómenos sociales a los que sistemáticamente se respondió con y desde el sistema penal como única ratio.
La afectación de bienes jurídicamente protegidos mediante conductas determinadas en gran medida por circunstancias sociales especialmente cambiantes, sistemáticamente fueron reproducidas como delitos y sus causantes encuadrados recurrentemente como delincuentes.
En el marco de ese reduccionismo actuaron decisivamente como partícipes primarios los aparatos represivos e ideológicos del estado y ningún auxilio tendió en dirección contraria la augusta dogmática penal vernácula (ocupada como estaba en demostrar que el derecho penal es una ciencia neutra y apolítica), salvo en el caso de los recientes lock out patronales, justificados como legítimo derecho a la protesta frente a lo que se exhibe como la “falta de diálogo“ político, que no es otra cosa que una pretensión de capitulación lisa y llana de la voluntad popular expresada en las urnas.
"En aquellas fabulosas llanuras irredentas cada cual valía por sí mismo sin tener que rendir cuentas a nadie. En los márgenes de la civilización colonial, en contacto con ella pero fuera del orden, arraigaron formas de subsistencia alternativa, fundadas en otros códigos y otras maneras de ser. Para la gente ilustrada en la visión eurocéntrica, era la barbarie...." "Cada vez que el sistema de ocupación colonial avanzó desde las ciudades hacia esas regiones periféricas, tropezó con los disturbios rebeldes. La organización del Estado y su monopolio de la violencia chocaba en particular con la existencia de las tribus pastoras y los vaqueros errantes, que sostuvieron análogas confrontaciones con el poder de los propietarios, comerciantes y funcionarios. En el marco de tales conflictos, gran parte de lo que se calificaba como bandolerismo no eran sino modos de autodefensa de esos grupos autónomos" (Chumbita, Hugo: "Jinetes Rebeldes. Historia del bandolerismo social en la Argentina", Ediciones Vergara, Buenos Aires, 2000, p. 21 y 22). "La historia de los rebeldes y bandoleros en el extremo sur de América trasunta un persistente desorden en la base de la sociedad. Es el reverso del orden estatal, la trastienda de la civilización. Desde su origen fue una respuesta a la ley de la conquista, a la organización de un poder que se extendió violentando en forma recurrente a los pueblos interiores para dominarlos, civilizarlos y en algún momento, lisa y llanamente exterminarlos" (op. cit., p. 250) En consecuencia, es perfectamente factible buscar denominadores comunes entre las puebladas y los bandoleros sociales de principios de siglo. No sólo porque en ambos casos la tacha de la infamia delictiva unificó a ambas gestas, sino porque el estudio y análisis sociológico-criminal de ambas experiencias (con las ponderables excepciones del caso ya citadas) es todavía una asignatura pendiente de los relevamientos criminológicos contemporáneos.La idea subyacente del "buen bandido", y la necesidad de preparar una clase de postgrado sobre el positivismo criminológico, terminó llevándome por horas al Archivo Histórico de la Provincia de La Pampa.
Durante días extraje datos de los expedientes judiciales de Juan Bautista Vairoletto, hasta que pude establecer llamativas coincidencias entre aquellas primeras décadas del siglo pasado, de profunda y violenta mutación social en el infinito territorio argentino y las exteriorizaciones masivas que motiva esta crisis actual sin precedentes.
En ese entramado, se mezclaron igualmente las evidencias de la asimetría militante de los mecanismos de control social penal y su profunda connotación selectiva.Como fuera, Vairoletto fue sorteando hasta su muerte los cercos de las partidas policiales territorianas. Los relatos connotan sus habilidades especiales, el consenso que despertaba en las clases menos acomodadas, lo errático de las estrategias policíacas para lograr su detención, entre otras muchas causas que explican la victoriosa impunidad que, por más de dos décadas, contribuyó a configurar el mito.
Sus socios de correrías, empero, no tuvieron al parecer la misma suerte.
También en estos casos, el sistema penal operó con absoluta brutalidad sobre los actores más vulnerables. Y este es un extremo sobre el que necesariamente he querido detenerme.Daniel Caro fue un compinche ocasional de Vairoletto.
Conocido por su nombre y también alternativamente por el de "Juan Alvarez", es rescatado del olvido de las crónicas criminológicas por las referencias precisas que acerca de su persona hace Hugo Chumbita, quien lo describe certeramente como "un petiso con cara de laucha, imberbe y de melena negra" ("Ultima Frontera. Vairoletto: vida y leyenda de un bandolero", Ed. Planeta, Buenos Aires, 1999, p. 125) y cuenta sus andanzas esporádicas junto al mítico.
El 5 de febrero de 1926, este bonaerense ignoto y esmirriado asaltó junto a Juan Bautista y otros dos cómplices la estancia "La criolla" en el paraje Lobocó, dando muerte a su dueño, el "Gallego" Hornes, quien vivía en compañía de la "india" Madero, que había estado tiempo antes juntada con otro integrante de la banda de apellido Espíndola, con quien a su vez había tenido un hijo.
Luego de un trámite burocrático que remedaba un proceso judicial, Caro fue condenado a la pena de 25 años de reclusión, que cumplió en el emblemático penal de Ushuaia.En el expediente Nº 164/47"CARO, Daniel s/pedido de libertad condicional"(agregado al principal 504/27), tramitado por ante el Juzgado de Primera Instancia Nº 1, a cargo del Dr. Alberto Fernández del Casal, Secretaría en lo Criminal y Correcional del Escribano Eduardo Gallardo, se sustanció y resolvió el pedido de libertad condicional efectuado el 26 de setiembre de 1946 por el "procesado" Daniel Caro (pags. 125/129 del libro "Ultima frontera. Vairoletto").
Desde el penal de Ushuaia, Caro se dirige al Juez a cargo del Juzgado "que fue del Dr. José M. Jaramillo" cuando se cometió el hecho, más de veinte años antes. Con una caligrafìa y ortografìa seguramente facilitada (el imputado no sabía leer ni escribir), peticionaba:"Señor Juez:Daniel Caro, penado Nº 165 de la Cárcel de la Tierra del Fuego, condenado a veinticinco años de reclusión, a V.S se presenta muy respetuosamente y expone:Que llevando cumplidos los dos tercios de la pena impuesta, y habiendo observado con ejemplar regularidad las disposiciones reglamentarias, viene a solicitar de V.S la libertad condicional, de acuerdo con lo establecido en el artículo 13 del Código Penal. Será Justicia". Y firma junto a una "X".
Recién el 7 de enero de 1947 ingresa el pedido a la Dirección General de Institutos Penales de Bs. As, que el 8 del mismo mes y año determina el PASE al Instituto de Clasificación para que realice el informe respectivo.El informe es una rémora impar del positivismo criminológico (como lo siguen siendo aún hoy, en general, los informes producidos por las autoridades administrativas penitenciarias).
"Señor Director General:Daniel CARO, ficha 1673, que cumple en la Cárcel de Tierra del Fuego la pena de veinticinco años de reclusión, por los delitos de homicidio, lesiones, hurto, robo y asalto a mano armada, impuesta por ante el Juzgado a cargo entonces del Dr. José M. Jaramillo, solicita su libertad condicional. El vencimiento de dicha pena, de acuerdo al Decreto del P.E. del 26 de julio de 1946, se operará el día 31 de agosto de 1951.Indice legal de peligrosidad: Inicialmente muy elevada, se atenúa por el decurso y el buen cumplimiento de los reglamentos carcelarios, pero manteniéndola por encima de la mediana, la circunstancia de ser un reincidente específico.Indice Médico de Peligrosidad: Personalidad en quien la carencia normativa familiar y escolástica, mantiene un carácter primitivo. Sugestionable, la aparcería política restringe los hábitos que pudo haber adquirido para convivir; y su liminar jerarquía intelectual no impide, que el concepto pragmático del delito, se modele, con exclusión de aquellos que puedan ejecutarse con impunidad.En la confirmación de la sentencia la Excma. Cámara penetra con una profundidad, cuyo extraordinario valor han confirmado luego años de observación, la psicogénesis de los hechos más graves, al establecer con relación al agente, la distinción entre delitos accidentales y latrocinio.
En el movimiento criminoso, el penado desempeña el papel de súcubo, y es también precisamente, esta fácil sugestionabilidad del reo, lo que permite luego una correcta adaptación carcelaria, por la pedagógicamente receptora condición que posee, para desenvolverse acorde con una imposición normativa, cuyo respeto acrecienta el ritual carcelario.
Pero la adaptación no llega a transformarse en la mente del penado, en un concepto ético, que luego continúe actuando, una vez en libertad. Así lo demuestra su reincidencia.Siendo en consecuencia, la peligrosidad resultado de su peculiar condición endógena, se mantiene en este índice elevada.Indice Social de Peligrosidad: Carece de apoyo material y moral, para la ocasión de hallarse en libertad. No ha adquirido ninguna actitud (n. del r: debería leerse "aptitud"?) especial, que le signifique posterior facilitación, de la lucha por la vida. Las condiciones ambientales, se mantienen como cuando la comisión de los hechos delictuosos, pero lógicamente agravadas, por la pérdida de los nexos con quienes pudieran ayudarlo, y por la usura de la vida, que reduce su vaga capacidad laborativa (en todos los casos, los subrayados del texto me pertenecen).
Juicio crítico conjunto de los índices de peligrosidad: Todos concurren a definir la existencia en el recluso de una peligrosidad elevada, por lo cual este Instituto opina que no debe concederse el pedido. Instituto de Clasificación, 9 de febrero de 1947". Firman el Dr. Hernán Pessagno (vocal del Consejo Asesor), Juan León Calcagno (Delegado del Patronato) y el Dr. Felipe M. Cia (Director del Anexo Psiquiátrico).
El 20 de febrero de 1947 se recibe el informe en Santa Rosa. El Actuario informa que el expediente donde se seguía el proceso contra Juan Bautista Vairoletto y Daniel Caro se halla en el Archivo General de Tribunales, como era lógico. Vairoletto había muerto el 14 de setiembre de 1941.El Juez de Santa Rosa fue tan "profundo" como la confirmación de la sentencia de la condena de Caro que hizo la Cámara de Apelaciones de La Plata. "Santa Rosa, 8 de marzo de 1947. AUTOS Y VISTOS Y CONSIDERANDO:El pedido de libertad condicional formulado por el penado Daniel Caro.
Que del informe de la Dirección General de Institutos Penales, se desprende que en el penado Daniel Caro se mantiene todavía un índice de peligrosidad elevada.Que el otorgamiento de la libertad condicional que solicita el penado, es facultativa del tribunal, como se desprende de los términos del artículo 13 del Código Penal.
Que se trata en el presente caso de un sujeto de malos antecedentes, ver fs. 515 del principal, que si bien se ha amoldado a los reglamentos carcelarios, no ha desaparecido su peligrosidad, como se dice en el párrafo primero.Por ello, de conformidad con lo dispuesto por el artículo 13 del código penal y dictaminado por el señor fiscal subrogante, resuelvo: No hacer lugar al pedido de libertad condicional formulado por el penado Daniel Caro. Notifíquese y ofíciese". La última foja del expediente da cuenta que el 29 de marzo de 1948, Caro se restablecía en Ushuaia de una intervención quirúrgica a la que fuera sometido en la Enfermería de la Prisión Nacional.
Los "malos antecedentes" de la foja 515 el expediente dan cuenta que al 5 de febrero de 1928, Caro estaba detenido por entonces a disposición del Sr. Juez del Crimen del Territorio acusado de asalto y robo, además de un pedido de captura de la Policía de Mendoza, "por estar acusado de robo en Colonia Alvear en septiembre de 1927" . En la Información de "antecedentes, conducta y concepto" de fs. 511 a 514 efectuado por la Comisaría de Luan Toro el 3 de febrero de 1928, se consignaban detalles tales como que Caro nació el 25 de mayo de 189..(el número, borroso, se asemeja a un "1"), que tenía ya por entonces 36 años, que no trabajaba en ninguna parte desde hacía 10 años, que no tenía familia alguna a su cargo, que era analfabeto y no había ido a la escuela porque sus padres no lo habían mandado, que -naturalmente- no atendía a la subsistencia de su familia, no tenía parientes a cargo ni ningún miembro de su familia contribuía por entonces a atender sus necesidades. "Vive de lo ajeno. Antecedentes policiales: cuatrero. Antecedentes sobre su concepto moral y del ambiente en que vive: malo. No es afecto al alcohol. Tiene carácter violento y usa armas. No se le conoce ningún hábito bueno. No tuvo ni tiene enfermedades". Las malas costumbres e inclinaciones que se le atribuyen consisten -igualmente- en ser cuatrero. "Después del delito ha demostrado indiferencia o arrepentimiento?", pregunta el formulario preimpreso. "Con individuos al margen de la ley Juan Bautista Bairoletto y otros merecen el mismo concepto", contestan de puño y letra los policías en el casillero equivocado. La "indiferencia" se consigna en el espacio reservado para los "otros antecedentes, datos o circunstancias que puedan servir para la sustanciación de la causa".
El concepto que merece en definitiva es "malo". Cuando se indaga en la misma planilla quiénes han proporcionado los informes relacionados con estos datos "(indicar claramente nombres y domicilios, si son o no miembros de familia o amigos del acusado, etc)", de puño y letra se rellena: "los empleados actuantes". Al momento de requerirse la identidad de esos empleados en el mismo formulario, solamente se aclara: "La Instrucción".
Con sus más y sus menos, el sistema penal proyecta así, a través de los años, su impronta ilegítima y violenta, reclutando entre sus clientes a los más débiles y tutelando celosamente los bienes jurídicos capaces de sostener un sistema de acumulación compatible con los intereses concentrados de las minorías de este país.
“Derecho a réplica” se propone difundir el pensamiento de reconocidos científicos e investigadores, a través de reportajes sucesivos que tenemos previstos para los próximos meses. Hemos decidido iniciar esta ronda con una docente emblemática de la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam.



“El estado en Argentina ha sido tantas veces terrorista , dictatorial , perseguidor que, ubicada como ciudadana , me causan temor las políticas punitivas. Sin embargo, ver a los militares genocidas presos en cárceles comunes, me parece una política acertada, que lamentablemente llega con 26 años de atraso”.



EL PERSONAJE: Olga Luisa Salanueva es Doctora en Ciencias Jurídicas y Sociales. Profesora Titular Ordinaria de Introducción a la Sociología en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales-UNLP; Docente Investigadora Categoría I; Directora de la Maestría en Sociología Jurídica-UNLP desde 2005. Autora de una multiplicidad de libros y artículos de su especialidad. Ha sido distinguida con el Premio “Renato Treves”. Es también Profesora Titular de Sociología Jurídica en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam.

1) En términos de acceso a la Justicia de los sectores populares, cree que en los últimos años, con la impronta de nuevos gobiernos progresistas se han producido avances en la Argentina y en América Latina?

R. Existe una preocupación, en los gobiernos constitucionales por mejorar, facilitar el acceso a la justicia de las personas pobres ( ubicadas en las clases medias bajas y bajas) que algunos investigadores/ras identifican como clases populares. Sin embargo, los programas implementados, desde los Ministerios de Justicia de la Nación y provinciales no han redundado en un efectivo acceso a la justicia para estos conjuntos humanos. En otros términos los programas gubernamentales se aplican parcialmente o quedan en meras formulaciones que no se concretizan. En la década de los 90, el gobierno menemista, con créditos del Banco Mundial y otras entidades financieras internacionales, propusieron reformas judiciales, entre las que figuraban un mejor acceso a la justicia, a través de juzgados de menor cuantía, vías alternativas de resolución de conflictos (conciliación, mediación y arbitraje), centros barriales de consultas, consultorios jurídicos gratuitos organizados entre las facultades de derecho y los municipios, simplificación y abreviación de los procesos judiciales… En la actual década se ha intentado crear las Casas de Justicia en aquellos lugares que no existen agencias judiciales y también se ha apelado a la modificación de los códigos procesales penales, el caso provincia de Buenos Aires en el año 1998, con el propósito de hacer una administración de justicia penal que permita una mayor y mejor accesibilidad . Distintos trabajos de investigación han podido demostrar que los desaventajados no acceden a la justicia en igualdad de condiciones materiales y simbólicas que las personas ricas. En Argentina el acceso a la justicia, es un tema recurrente desde al menos la década de los años 70. En América latina, por ejemplo, a través de los aporte de la literatura especializada y de las conferencias de Sonia Boueiri, investigadora venezolana, dictadas en los años 2007 y 2008 en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UNLP afirmó que en su país existe una sostenida política para dar voz judicial a los sin voz, pero, al igual que en otros países existe una marcada diferencia entre lo que dicen las normas, leyes y programas sobre acceso y lo que efectivamente ocurre .El problema en Argentina y Latinoamérica es cómo hacer para que las normas se concretice.

2) Qué incidencia o gravitación le atribuye, en materia de acceso a la justicia, a la cultura y la ideología de los operadores de la jurisdicción?

R. Tiene incidencia, no olvidemos que la ideología dominante en la administración de justicia se identifica con el sistema político-económico. Creen muchos operadores del sistema judicial, y de buena fe, que se trata de trabajar más , ser más estudiosos, utilizar todos los recursos de que dispone un juez, por ejemplo, dirigir efectivamente los procesos, para que la justicia atienda a cada vez más personas, más rápido y de mejores resultados.
La ideología condiciona los comportamientos y en organizaciones como la judicial, articulada sobre rutinas y rituales, (prácticas), las modificaciones o reformas que sobre algunos aspectos se quieren introducir, son reelaboradas, redefinidas y adecuadas a las modalidades anteriores, en términos de Luhmann diríamos que la organización es autopoiética. Esto sin perjuicio de que en algunas oportunidades como en la década del 90, las reformas tenían un sesgo marcadamente neoliberal, la justicia era para todos los iguales que tenían recursos que defender. Para los desaventajados, excluídos, pobres o marginales, cualquiera sea la denominación que usemos, está la justicia castigadora, la que define a los jóvenes y desaventajados como “peligrosos”. Los sectores populares, deben ser controlados por las fuerzas de seguridad porque son proclives a los desbordes: se emborrachan, se drogan, cortan el tránsito, hacen líos en las calles. Esta ideología que recorre algunos sectores de los autodenominados “gente decente” es la que proclama que hay que terminar con las “estupideces de los derechos humanos”, con los jueces garantistas. En sucesivas entrevistas a jueces y funcionarios judiciales y análisis de documentos jurídicos hemos podido comprobar que esta manera de pensar no es dominante en la administración de justicia.

3. Qué lectura hace de las nuevas “protoargumentaciones” de sectores patronales (las entidades del agro durante el lockout del año pasado, por ejemplo), que plantean una suerte de nuevo derecho a la protesta social, cuya expresión más emblemática la constituyeron los cortes de ruta? Cree que estas manifestaciones pueden asimilarse, en cuanto a su legitimidad, a la ocupación de los espacios públicos por parte de sectores sociales vulnerables, como ocurre en el caso de los piquetes?

R. Argentina es una sociedad que tiene profundas desigualdades, una sociedad fragmentada en clases sociales. De allí que las protestas sociales no tengan el mismo significado y alcance para los obreros despedidos por cierre de fábricas, o por obreros petroleros que pierden sus fuentes de trabajo, con motivo de las privatizaciones, o por aquellos que inspirados en la protección del medio ambiente bloquean calles, caminos y puentes, con los paros patronales de los empresarios agrícolas. Las vías de protesta pueden ser parecidas, pero los intereses que mueven a unos y a otros son diferentes.
Los grandes y medianos empresarios del agro y los pequeños chacareros tienen intereses basados en la propiedad de los recursos naturales que explotan, la tierra y la renta que de ella sacan. Los enfrentamientos se dan con las agencias gubernamentales, por las ganancias. No pelean ni discuten por sobrevivir y conservar un trabajo, sino por más, por obtener una mayor rentabilidad. Que las “armas” para protestar sean similares no nos puede llevar a confundir porqué luchan unos y porqué cruzan tractores y camionetas en las rutas, los del campo.

3) Hay temas jurídicos cruciales que se discuten a diario en la Argentina, y cuyas narrativas y lógicas parecen un patrimonio casi exclusivo de comunicadores sociales: inseguridad, niñez, violencia de género, acceso a la justicia, redistribución de la riqueza, sistemas de jubilaciones, recuperación de los servicios privatizados durante la década de los 90’, etcétera. Cree que las universidades públicas, y en particular las facultades de derecho, han estado a la altura de los acontecimientos en la construcción de discursos alternativos?

R. Las facultades de derecho de las universidades públicas están dirigidas por grupos, “actores colectivos”, que mayoritariamente, pertenecen o se identifican con partidos políticos. El involucramiento en problemas como los señalados en la pregunta implicarían compromisos, que construidos desde los conocimientos técnicos o científicos, los podrían llevar a enojosas situaciones en sus partidos e inclusive a enfrentamientos ideológicos. Es más placentero ser decano o consejeros y “ver” pasar la procesión sin participar en ella. Mientras estas pertenencias o identificaciones subsistan es poco probable que las facultades de derecho emitan opinión fundada sobre los problemas indicados.

4) Qué opinión le merece eso que Pastor denomina “neopunitivismo” de los sectores progresistas. Se dice: hay que castigar a los militares genocidas, pero también que hay que hacerlo más duramente con los agresores sexuales; luego, con la violencia de género ;desde luego, con los corruptos; y ahora también con los conductores imprudentes, por citar algunos casos. En muchos de ellos, se lo hace “desde la izquierda”. ¿No marchamos hacia un pampenalismo suicida, hacia una legitimación de una mayor violencia estatal, que puede volverse en contra de los propios sectores populares si cambiara en un futuro la relación de fuerzas sociales, económicas y políticas?

R. La existencia del estado constituye de por si una forma de violencia toda vez que reclama para si el monopolio del uso de las fuerzas militares y policiales. Uso cuyo control por parte de la ciudadanía es más una manifestación de deseos que un real control. No conozco bien el “neopunitivismo” y las políticas concretas que propone. El estado en Argentina ha sido tantas veces terrorista , dictatorial , perseguidor que, ubicada como ciudadana , me causan temor las políticas punitivas. Sin embargo, ver a los militares genocidas presos en cárceles comunes, me parece una política acertada, que lamentablemente llega con 26 años de atraso.

5) Qué importancia le asigna a las estrategias de resolución alternativa de conflictos como forma de reducción de la violencia estatal?

R. No tengo conocimiento directo de la aplicación de estas medidas, me falta información técnica como para emitir una respuesta fundada.

6) Básicamente, qué cambiaría de la formación de grado de los juristas en la Argentina?

R. Que terminen de una buena vez con las “posiciones intermedias”, recurso antiguo que se sigue utilizando en las clases : el jurista fulano dice tal cosa, el otro dice tal otra y yo “me inclino por una posición intermedia”; con la exégesis de las leyes, con la sacralización de los códigos, con la lectura de la realidad social a través de los paradigmas jurídicos, con los glosadores de la ley; con los exámenes donde se quiere solo escuchar o ver escrito lo que se dio en clases y, sobre todo, lo que dicen los textos recomendados, ningún otro y, si por casualidad el docente tiene “posición intermedia”, los alumnos/as no deberán olvidarse de manifestarla. Así demuestra que ha leído las 30 o más unidades del programa y merece un cuatro.
Una nueva manera de trasmitir el derecho sería desafiar al aprendiz al análisis y crítica fundada de toda la documentación jurídica, sin miedo a las opiniones de los maestros. Proponer casos reales y construídos, para que los resuelvan. Contar con centros de documentación e información (libros, sentencias, demandas, expedientes, estadísticas sociales y específicas del campo jurídico) y personal consustanciado con las funciones de esos centros; que no estén para prestar un libro con mala cara y con un señalador que diga las sanciones a aplicar al usuario. ¿Es mucho pedir? Habría además, que acortar las carreras a partir de la revisión de los contenidos técnicos, ¿por qué 5 civiles, 4 comerciales, tres penales? Es la lógica del conocimiento a impartir por la “densidad” de esos contenidos o es por que “tenemos que darle lugar” a fulanos y menganos sin cambiar o sustituir otros menganos y fulanos? Sobre los programas habría que exigir al cuerpo docente que actualice los contenidos cada dos o tres años y que no los hagan acumulativos de todos los saberes histórico- jurídicos porque se hacen materias imposibles de estudiar.

* Un reportaje de Eduardo Luis Aguirre
Por Eduardo Aguirre
Con la habitual connotación cíclica que ciertos delitos adquieren en la Argentina, la grave temática de los agresores sexuales parece haber ocupado nuevamente el centro de la escena, en este caso a partir de un pedido de castración química efectuado ante un tribunal de La Plata y del descubrimiento de un “monstruo” vernáculo en Mendoza.
También en este terreno, como en tantos otros, parece estar en juego mucho más que una discusión acotada a la posibilidad o imposibilidad de la “recuperación de los violadores”, la que, por otra parte, se salda de ordinario sentenciando que este tipo de ofensores poseen una personalidad que no admite remisiones, que fatalmente volverán a atacar a sus víctimas, y que por ende el Estado debería hacer algo “aún antes de que nada pase”, en “defensa de la sociedad”. Son anormales, por definición, cuya connotación irreversible y patológica es subrayada por disciplinas científicas históricamente asociadas a la peligrosidad como categoría predecible.

“La psiquiatría será, en esencia, paciencia y la técnica de los anormales, de los individuos anormales y de las conductas anormales”[1].
Todo esto se expresa con una clara intencionalidad política a través de medios de comunicación y de gestores políticos o empresarios morales, que parecen no prestar demasiada atención a la inexistencia de estudios criminológicos fiables en la Argentina, no solamente respecto de este tipo de agresiones en particular, sino en general con relación a casi todos los delitos.
Subyacen en las narrativas hegemónicas, en los sistemas de creencias enraizados de la modernidad, a la vez que en discursos y prácticas, “sugerencias” inocuizadores manifiestamente inconstitucionales y llamativamente crueles, tales como la mentada castración (química o quirúrgica), el encierro por tiempo indeterminado, o, en el mejor de los casos, la vergüenza reintegrativa.
En defensa de este constructo brutal, se traen a colación experiencias verdaderamente insólitas y sin verificación empírica alguna en cuanto a su “efectividad”, cuando no se utilizan estadísticas de manera amañada que adelantan, por ejemplo, “que existe un 80% de posibilidades de reincidencia en el caso de los agresores sexuales”, sin hacer distingo alguno entre ellos, y evitando aclarar que ese porcentaje se corresponde con un estudio realizado hace más de una década por los criminólogo españoles Santiago Redondo y Vicente Garrido al abusador serial Francisco López Maíllo, pero que en modo alguno abarca al total de este tipo de infractores. Para lo cual no hay más que leer otros escritos de los mismos académicos citados en este caso testigo, que constituyen la mejor refutación conceptual de esas tesis “peligrosistas” y dan la pauta de la inconsistencia de tales afirmaciones y de la factibilidad de problematizar aquellas aseveraciones iniciales, cosa que habré de intentar a continuación, hecha la catarsis del caso.
El debate remite a las reflexiones de Bovino, respecto del embretamiento que han sufrido algunos colectivos feministas, que convalidan esta suerte de mitología de la monstruosidad irreversible y, lo que es más, rescatan el valor simbólico de una penalidad creciente frente a la supuesta alta tasa de reincidencia en la que incurren este tipo de agresores (ver sobre el particular, la postura recurrente de “Urbanas en red”).
“Este nuevo interés del feminismo sobre el derecho penal ha provocado reclamos que, junto al de otros grupos (por ej., los ecologistas), tienden a "revalidar" la utilización del derecho penal como mecanismo idóneo para afrontar ciertos conflictos sociales
El objetivo de la propuesta feminista planteada por SMAUS, entonces, es claro. No se trata de una esperanza ingenua que pretende alterar sustancialmente las prácticas sociales de agresión sexual contra las mujeres depositando su confianza en los órganos estatales de la justicia penal. Por el contrario, se trata de la utilización conciente del "potencial simbólico del derecho penal en cuanto instrumento que colabora a hacer reconocibles como problemas ciertas situaciones padecidas por las mujeres. Este poder criminalizador o asignador de negatividad social ha producido distintas consecuencias. Por un lado, ha afectado a situaciones que previamente no habían sido definidas como injustos penales; por el otro, ha logrado criminalizar de forma diferente actos que ya se encontraban recogidos de algún modo por la norma penal (violación)". [2]
El abusador es, de tal suerte, el prototipo del monstruo que tenemos a la mano. El que sintetiza y sincretiza un sistema de creencias compartido que converge en el castigo como denominador común: “Sin embargo, el monstruo es un fenómeno tanto extremo como raro: es el límite, el punto de inflexión de la ley, aquel que “combina lo imposible con lo prohibido” (Foucault, 2001:70), trayendo consigo transgresión a la naturaleza, la mezcla, el enredo de los límites y de los caracteres y por lo tanto, transformándose en una violación, en un desafío al derecho. De este modo, la figura del monstruo es esencial en la problemática de la anomalía, siendo que, alrededor de ellos, las instancias de saber-poder se inquietan o ser reorganizan.
De acuerdo con Cohen (2000), el monstruo es utilizado como metáfora para que pensemos lo no igual, lo que huye a la norma, que está en la frontera, así como el loco, el negro, el pobre. El monstruo rechaza la categorización, siendo creado en las encrucijadas metafóricas (en los cuentos, mitos, terrores, dichos) como la encarnación de un momento cultural, de una época, de un sentimiento y de un lugar. Incorpora miedos, deseos, ansiedades y fantasías, dándoles vida y una extraña independencia. De esta manera, ellos son híbridos peligrosos pues perturban el pretendido orden del mundo a partir de la suspensión de las formas, amenazando destruir toda y cualquier distinción. Según expresión del autor, “el monstruo es la diferencia hecha carne” (p. 32), esto es, o cuerpo monstruoso es la inscripción de la alteridad.
En esta perspectiva, Gil (2000) señala que el monstruoso no está más allá del dominio humano sino que se encuentra en su límite, “pues el monstruo no es sino la ‘desfiguración última del Mismo en el Otro” (p. 174). Y, al marcar el límite, el monstruo le confiere a los seres humanos una imagen estable de sí mismos en la medida que, más allá de ese límite, nada más hay sino la demencia y el desorden.
Si la etimología de la palabra monstruo - monstrum - remite a ‘aquel que revela’, ‘aquel que advierte’, el monstruo existe para ser leído: pero, como las letras en la página, él significa algo diferente de él mismo, o sea, es siempre un desplazamiento (Cohen, 2000). Así, según Gil (2006), el monstruo comunica un exceso de ser. Al exhibir su anormalidad el monstruo ofrece a la mirada lo que jamás es visto; él muestra lo irreal verdadero, exhibiéndolo sin preocuparse con la mirada del otro, o para fascinar - actos que, finalmente, significan lo mismo”.[3]

En primer término, es preciso agregar que estos discursos incurren en un objetivo ocultamiento de la incidencia real de las tasas de prisionización de este tipo de abusadores, erradicando del análisis, entre otras cosas, la composición de la población penitenciaria y la selectividad del sistema penal.
“Los delincuentes sexuales son un grupo muy heterogéneo, pero en el conjunto de la delincuencia de un país su prevalencia (número de sujetos que cometen delitos sexuales) y su incidencia (número de delitos sexuales conocidos) es muy baja comparados con otros tipos de delincuentes (Redondo, 2002). En España no llegan al 1% de todos los delitos denunciados, y si tomamos las encuestas a víctimas como un método alternativo de medir este delito, de nuevo la tasa se sitúa en torno al 1%. En cambio, en las cárceles hay aproximadamente un 5% de presos que cumplen condena por delitos sexuales, debido a que sus penas son más largas que las que tienen otros delincuentes, lo que produce una acumulación mayor en el tiempo de estos penados dentro de las instituciones penitenciarias.
Estas cifras no son traídas a colación para minusvalorar la importancia del delito, sino para situar correctamente la porción del delito que le corresponde a la delincuencia sexual. Hay pocos delincuentes sexuales comparados al total de delincuentes, sin embargo estos pocos pueden ser muchos por la gravedad de los actos que algunos de ellos infligen y por la alarma social que provocan” [4].
Es interesante destacar que en la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, sobre un total de 23606 internos alojados en establecimientos del SPF, solamente 1647 (6,98%) están condenados o procesados por delitos sexuales. El porcentaje no difiera demasiado, como se observa, del 5% español.
En concordancia con lo expuesto, se ha dicho también que: “La delincuencia sexual constituye una problemática criminal de gran impacto para las víctimas que la sufren. Produce también una gran alarma pública entre los ciudadanos que se refleja periódicamente a través de los medios de comunicación. En España un 5% de la población penitenciaria corresponde a delincuentes sexuales, algunos de los cuales cumplen condenas de prisión prolongadas, teniendo finalmente la posibilidad de acceder a permisos de salida de prisión y a régimen abierto. En tales circunstancias resulta de gran utilidad efectuar predicciones de riesgo de reincidencia lo más adecuadas y precisas posibles. Para ello se requiere investigación científica que identifique en muestras españolas los factores de riesgo más relevantes. El objetivo principal de la investigación que se presenta aquí consistió en identificar y describir las principales características tanto personales como de carrera criminal de los agresores sexuales, y su relación con el riesgo de reincidencia futura. Para ello se evaluó una amplia muestra de agresores sexuales que habían cumplido condena en la prisión barcelonesa de Brians. En el conjunto de la muestra de agresores sexuales evaluada destaca una elevada tasa de consumo abusivo de alcohol, una duración promedio de las carreras delictivas superior a seis años, y una reincidencia global, incluida tanto la sexual como la no-sexual, de 32,2%. Más allá de estos promedios, aparecen diferencias notables entre el grupo de reincidentes y el grupo de no reincidentes tanto en variables demográficas (edad de salida en libertad, trayectoria laboral y estabilidad de la relación de pareja), como en variables de carrera delictiva (edad del primer delito sexual, número de delitos condenados, prevalencia del consumo de sustancias, tipología de las víctimas,etc.).

Los agresores sexuales condenados y encarcelados suelen ser varones de entre 16 a 30 años. La incidencia delictiva de los agresores sexuales es muy variada, y va desde una mayoría de sujetos que han sido condenados por un solo delito o por un pequeño número de delitos sexuales, hasta unos pocos casos de agresores muy repetitivos. Por ejemplo, en una muestra de 29 agresores evaluados por nosotros (Garrido, Redondo, Gil, Torres, Soler y Beneyto, 1995) que en conjunto habían sido condenados por 86 delitos sexuales, 15 sujetos tenían un solo delito condenado, 9 tenían entre 2 y 4 delitos, 4 eran responsables de entre 6 y 10 delitos, y un solo sujeto había cometido 47 violaciones. Estos datos ilustran bien la diversa incidencia delictiva a la que hemos hecho referencia.
En un plano jurídico-penal estricto, un delito aislado puede tener idéntica gravedad (o incluso superior) a cualquier delito cometido por un agresor persistente. Sin embargo, en términos de predicción criminógena, los agresores repetitivos comportan un mayor riesgo a medio y largo plazo, ya que sus carreras criminales van a persistir durante más tiempo. Este estudio se dirige específicamente a conocer qué factores se vinculan al riesgo de reincidencia de los agresores sexuales y por ello a la persistencia criminal.
La variabilidad de los agresores sexuales por lo que concierne a su incidencia delictiva, con una mayoría que comete un solo delito y un pequeño grupo que comete muchos delitos, condiciona también que la reincidencia de los delincuentes sexuales sea, como grupo, baja. La investigación internacional la sitúa en torno al 20%, mientras que el índice de reincidencia general (para el conjunto de las tipologías delictivas) es de aproximadamente un 50%. Así pues, aunque la mayoría de los delincuentes sexuales no volverán a cometer nuevos delitos sexuales una vez cumplidas sus condenas, sabemos que un pequeño grupo de sujetos corresponde a delincuentes repetitivos o sistemáticos que probablemente volverán a delinquir. Una de las preocupaciones básicas de la criminología aplicada y de las políticas criminales actuales debe ser justamente cómo efectuar predicciones lo más certeras posibles sobre este reducido grupo de individuos reincidentes, teniendo en cuenta el riesgo social que comportan”[5].
Afirma nuevamente Redondo, desmintiendo los discursos punitivistas de colectivos “progresistas” de la Argentina: “De acuerdo con diversos estudios evaluativos, la reincidencia de los agresores sexuales es, como grupo, baja, y se estima de en torno al 20% (Lösel, 2002; Prentky, 2003; Quinsey et al., 1995). (El promedio general de la reincidencia de los delincuentes –no específicamente sexuales— es de alrededor del 50%). No obstante, la distribución de la reincidencia es muy heterogénea y oscila entre un número grande de casos de un solo delito conocido (y, por tanto, no reincidentes) y, en el extremo opuesto, unos pocos agresores sexuales seriales, que cometen decenas de delitos a lo largo de sus carreras criminales”[6].


En ese contexto, la posibilidad no ya de prevenir, sino de obtener resultados favorables merced a intervenciones adecuadas y tratamientos que se alejen del paradigma biologicista castrador y de la ideología de la defensa social, tampoco puede desecharse:

“La investigación criminológica general sobre predictores de riesgo (Andrews, Zinger, Hoge, Bonta, Gendreau y Cullen, 1990; Andrews y Bonta, 1994) ha identificado dos tipos diferentes de factores de riesgo de repetición delictiva. En primer lugar, los predictores estáticos, o factores de riesgo personales o pertenecientes al pasado del sujeto y que no podemos cambiar. En lo relativo a agresores sexuales, es un factor estático, por ejemplo, la experiencia infantil de victimación sexual que pueda haber sufrido el propio agresor. En segundo término, los denominados predictores dinámicos, o factores del sujeto o de su entorno que aún pueden ser modificados y cuya mejora se asocia a una disminución del riesgo de futuras conductas delictivas. En los agresores sexuales puede ser un factor de riesgo dinámico el pensamiento distorsionado o erróneo que presentan algunos de ellos acerca de que las mujeres deseen en realidad ser sometidas sexualmente. Ambos tipos de predictores (estáticos y dinámicos) condicionan la carrera criminal de los delincuentes persistentes, pero mientras que los factores estáticos tienen un efecto perjudicial inalterable, los factores dinámicos pueden ser parcialmente modificados mediante intervenciones apropiadas (por ejemplo, el tratamiento psicológico), y pueden reducirse de ese modo sus efectos perniciosos sobre el individuo”[7].
Una distinción similar debe hacerse, según este mismo estudio, en la relación existente entre agresores no reincidentes y reincidentes y la posibilidad de que una intervención eficiente pueda disminuir los riesgos de reincidencia. Entre los no reincidentes, los agresores que según esta investigación efectuada en España tienen un perfil psicopático llegan solamente al 3,7% y entre los reincidentes ese número asciende a 38, 5% (preponderancia de un factor predictor estático).

“Puede afirmarse que en la actualidad se dispone de buenas estrategias
psicológicas para el tratamiento de los agresores sexuales, a un nivel de desarrollo
técnico comparable al de otros campos de la intervención psicológica (Budrionis y
Jongsma, 2003). Sin embargo, desde la perspectiva de la utilización práctica de
tales técnicas, la aplicación de tratamientos a los delincuentes sexuales es una
actividad limitada a unos pocos países desarrollados y, dentro de ellos, a unos
cuantos programas en prisiones, y esporádicamente en la propia comunidad. Ello
significa que la proporción de agresores sexuales que recibe tratamiento es muy
pequeña en relación con el número de agresores sexuales identificados y,
normalmente, encarcelados. Pese a todo, los poderes públicos son cada vez más
conscientes de la necesidad de aplicar tratamientos especializados a los delincuentes
sexuales y por ello, en los países norteamericanos y europeos, se van introduciendo
paulatinamente nuevos programas. Tales programas suelen tener las siguientes
características generales:

· Suelen ser programas intensivos de larga duración.
· Incluyen técnicas dirigidas específicamente a las tres áreas
problemáticas mencionadas: comportamiento sexual desviado,
distorsiones cognitivas y funcionamiento social del sujeto.
· A veces se utilizan, en el contexto global del programa, agentes
químicos inhibidores del impulso sexual. Se han utilizado tres
medicaciones reductoras del impulso sexual masculino: el acetato de
ciproterona, el acetato de medroxiprogesterona y, más modernamente,
el agonista análogo de la hormona liberadora de la gonadotropina
(GnRH) (Greenberg y Bradford, 1997; Marshall y Redondo, 2002;
Rösler y Witztum, 2000).
· En la aplicación suelen intervenir diversos terapeutas (con frecuencia
hombre y mujer) que entrenan a los agresores sexuales en habilidades
sociales específicas con un doble propósito: 1) que aprendan a inhibir las
conductas delictivas, y 2) que aprendan las habilidades de comunicación
necesarias para establecer relaciones sexuales adultas y consentidas.
· En general, el tratamiento suele tener carácter voluntario, aunque la
eventual participación del sujeto en el mismo suele ser recompensada
con beneficios penales y penitenciarios (permisos de salida al exterior,
mejora del régimen de vida en prisión, o concesión futura de la libertad
condicional”[8].
Esta última tesitura es similar a la que relevara en la cárcel de Alhaurín de la Torre, donde el propio jurista de la prisión me expresara sus dudas razonables: “¿Es el tratamiento voluntario o no?. Es fácil escuchar cómo sin ninguna profundidad de conocimientos suele afirmarse categóricamente en la Doctrina científica que el tratamiento no es voluntario. Pero esta afirmación se hace a espaldas del artº 4 LOGP y 5 R.P. que expresamente lo configuran como un deber y amparándose en el -desafortunado y gratuíto- artº 112 RP que afirma que los internos podrán rechazar libremente o no colaborar en cualquier técnica de estudio de su personalidad sin que ello tenga consecuencias disciplinarias, regimentales ni de regresión de grado. Este artº desconoce la realidad y viola el principio de jerarquía normativa (es decir, se opone a lo preceptuado en una Ley), al menos si entendemos el término “estudio de la personalidad” desde una acepción amplia que comprenda cualquier técnica de tratamiento.
Aún en el caso de guiarnos por este precepto, nada impide que la ausencia de un tratamiento específico conduzca a no apreciar una evolución penitenciaria suficiente y que ese “pronóstico de comportamiento futuro” que hemos de realizar periódicamente sea desfavorable. Dicho de otra forma, no podemos sancionarlos pero sí dejarán de obtener beneficios”.
Esta forma de concebir el tratamiento aparece como relevante a la luz de los resultados obtenidos mediante el “Programa de Control de la Agresión Sexual” (SAC), desarrollado por Garrido y Beneyto en la prisión de Brians (1996), que demuestra en principio que los sujetos que han completado el tratamiento (Grupo de tratamiento) obtendrán resultados significativamente mejores en las variables dependientes evaluadas (menor reincidencia sexual, no sexual y total, y menor gravedad de los delitos que puedan cometer) que los sujetos que no han recibido tratamiento (Grupo de control).
“Estos resultados confirman en esencia la hipótesis principal de esta
investigación, a saber: la eficacia del tratamiento cognitivo–conductual aplicado
con los agresores sexuales en la prisión de Brians. El tratamiento logra reducir la
reincidencia sexual en un 14,1%, que resulta de la diferencia entre la tasa del grupo de control, que es de 18,2%, y la del grupo de tratamiento, que es del 4,1%”.
El estudio de la violencia y de la reincidencia de los agresores sexuales constituye en la actualidad un ámbito de especial interés de la Psicología Criminal. En este trabajo se revisan tanto las teorías y conocimientos existentes sobre etiología y factores de riesgo de agresión sexual, como algunas investigaciones internacionales y españolas que sustentan estos conocimientos. Su principal objetivo es la presentación de un nuevo instrumento de predicción en este campo denominado SVR-20: Manual de valoración del riesgo de violencia sexual. Dicho instrumento ha sido traducido y adaptado para el contexto español y latino por el Grupo de Estudios Avanzados en Violencia (GEAV) de la Universidad de Barcelona. Para su validación se ha efectuado un primer estudio piloto sobre la capacidad predictiva del SVR-20 con una muestra de agresores sexuales que cumplieron condena en una prisión española. La conclusión principal de este estudio es que el SVR-20 es un buen instrumento para predecir el riesgo de reincidencia sexual”.

“La capacidad del SVR-20 para predecir la reincidencia sexual se evaluó mediante el método estadístico de regresión logística. Este método nos permite estimar la probabilidad de reincidencia (sí/no) en función de la puntuación de cada sujeto en el SVR-20 y, de este modo, clasificar a dichos sujetos en dos grupos, reincidentes y no reincidentes. La variable reincidencia se ha definido aquí como el encarcelamiento del sujeto por un nuevo delito. En la muestra estudiada, 128 sujetos (78.5%) no volvieron a delinquir, 24 sujetos (14.7%) cometieron un nuevo delito sexual y 11 sujetos (6.7%) volvieron a cometer un delito no sexual. Estas cifras se aproximan a los datos obtenidos en la investigación internacional que estiman que el 20% de los agresores sexuales volverán a delinquir a lo largo de un periodo de seguimiento de 5 años (Garrido, Stangeland y Redondo, 2006; Hanson, 2005, Lösel, 2002).
Los datos obtenidos en este estudio muestran que el SVR-20 obtiene un 79.9% de clasificaciones correctas de los sujetos no-reincidentes y un 70.8% de clasificaciones correctas de los sujetos reincidentes. El significado social de estos resultados es que parece ser más fácil identificar aquellos casos que probablemente no reincidirán que aquellos otros que sí lo harán. Una de las dificultades más relevantes en el ámbito de la predicción de violencia sexual es el problema de las tasas base bajas (Redondo, 2006). Cuando un fenómeno, como en este caso la reincidencia sexual, tiene una prevalencia baja, la predicción resulta más difícil, que para aquellos fenómenos de alta prevalencia. La violencia sexual tiene unos efectos muy impactantes y unas consecuencias muy graves, pero, a pesar de esto, no deja de ser un fenómeno estadísticamente infrecuente y, por tanto, difícil de predecir (Garrido, Stangeland y Redondo, 2006; Brown, 2005).
En un problema tan complejo y multifactorial como el comportamiento delictivo, un promedio de pronóstico correcto del 78.5%, a partir de un instrumento de predicción todavía en desarrollo, constituye un dato esperanzador, aunque relativo y quizás mejorable en un futuro. Por otro lado, cabe destacar el papel predictor que en este estudio tuvo la variable "haber recibido tratamiento psicológico", cuya consideración mejoró notablemente la predicción de la reincidencia sexual. En concreto, aquellos sujetos que habían recibido tratamiento obtuvieron mejores pronósticos de no reincidencia que aquellos que no lo habían recibido o lo habían rechazado.
Pese a todo, estos resultados permitirían concluir que, aunque la frecuencia de la reincidencia sexual oficial es baja, si se utilizan variables específicas e instrumentos de predicción adecuados, el pronóstico de la violencia sexual consigue valores de aciertos destacables. En resumen, la conclusión principal de este estudio es que el SVR-20: Manual de valoración del riesgo de conducta sexual puede constituir una buena ayuda técnica para predecir el riesgo de reincidencia sexual[9].
El naufragio de las proclamas retribucionistas y defensistas, paradójicamente se produce invariablemente a manos de estudios de criminología empírica o aplicada. Justamente aquellos que brillan por su ausencia en la Argentina, permitiendo una andanada cultural cotidiana que termina construyendo realidades alternativas y definiendo políticas estatales regresivas. En este contexto de clamor draconiano, es necesario llamar a las cosas por su nombre y a los criminólogos a las cosas.

[1] Foucault, Michael: “Los anormales”, Fondo de cultura Económica, Buenos Aires, p. 156.
[2] Bovino, Alberto: “Delitos Sexuales y feminismo legal: [algunas] mujeres al borde de un ataque de nervios”, Revista de la Asociación de Ciencias Penales, 2007.
[3] Hillesheim, Bettina; Dhein, Gisele; De Lara, Lutiane; Rodríguez Da Cruz, Lilian: “Sobre monstruos, cines y cuentos de hadas. Intertextualidad e infancia”, disponible en www.ucm.es/info/especulo/numero38/monstru.html

[4] conf. Redondo,Santiago “Intervención intensiva con internos autores de delitos violentos y en contra de la libertad sexual”, disponible en www.penitenciari.meetingcongress.com, 2002.

[5] Conf. Redondo Illescas, Santiago; Luque Reina, Eulalia; Martínez García, Marian; Pérez Ramírez, Meritxell: “Agresores sexuales. Perfiles criminales y riesgos de reincidencia”, disponible en www.ub.edu/geav/members/mperez/pdfs/Poster_Meritxell.pdf
[6] Redondo Illescas, Santiago: “¿Sirve el tratamiento para rehabilitar a los delincuentes sexuales?”, disponible en www.criminologia.net/pdf/reic/REICA6N4_2006_.pdf
[7] Ibíd.
[8] Redondo Illescas, Santiago: “¿Sirve el tratamiento para rehabilitar a los delincuentes sexuales?”, disponible en www.criminologia.net/pdf/reic/REICA6N4_2006_.pdf

[9] conf Redondo Illescas, Santiago; Pérez, Meritxell; Martínez, Marian: “El riesgo de reincidencia en agresores sexuales: investigación básica yvaloración mediante el SVR-20”, disponible en www.papelesdelpsicologo.es

"En consecuencia el Proyecto Estratégico Plan Fénix (Facultad de Ciencias Económicas, UBA) evidencia que “entre los rasgos fundamentales de una sociedad democrática se destacan la credibilidad y la transparencia de las acciones de gobierno. Si hay algo que distingue a la democracia del autoritarismo es que, para gobernar, este último debe apelar a la coerción, mientras que, en democracia, la disponibilidad y libre flujo de la información son lo que permite conocer si los gobiernos responden adecuadamente a los compromisos asumidos frente a la ciudadanía y a los desafíos que les impone la gestión.”



■Capital del fascismo


Hace poco más de un año los santarroseños probaron en carne propia la impronta neofascista a través de las acciones y decisiones políticas de Juan Carlos Tierno. Una tracción (y atracción fatal) que lo llevó a dilapidar en menos de 90 días el espacio de poder logrado en las urnas.Tras intervenir el Gobierno provincial el Municipio se consideraba que el ex intendente era un cadáver político, pero fue un equívoco: en consecuencia ganó las internas abiertas en el PJ. Y no hubo operación retorno por la conjunción de estrategias impulsadas por sectores de la sociedad civil, partidos políticos, prensa y, también, la Justicia.La representatividad de Tierno en el campo de la política ha sido socavada por diversas causas, entre ellas su propia ineptitud, a pesar de esto su figura ha quedado suspendida y expectante como referencia del fascismo societario; por lo tanto, con ese capital genuino tallará en toda compulsa en la que pueda participar.Con su modo particular y autoritario de ejercer el poder malversó el proyecto comunal que lideraba. También removió la modorra de una población acostumbrada a aceptar sin muchos miramientos los aciertos y los yerros de la hegemonía política.Aun subyacen marcas que impusiera desde el Ministerio de Gobierno y Justicia, y que se potenciaron mucho más en otros soportes; recuérdense los carteles a la vera de las rutas pampeanas en donde se incitaba a quien observase algo sospechoso lo denunciara. Después de su caída, los blogs ―herramientas virtuales que sirvieron para conducir y conciliar las medidas de protesta―, absorbieron el espacio vacío dejado por la “derecha omnipresente” para dar paso a una “derecha camouflage”, que acrecentó su violencia semiótica a través de la denuncia anónima, la delación y descalificación de vecinos y vecinas con un grado de impunidad que, en su densidad simbólica, es mucho más peligrosa que los epítetos tiernistas, porque, además, se relacionan directamente con las prácticas instauradas durante la última dictadura.En consecuencia el Proyecto Estratégico Plan Fénix (Facultad de Ciencias Económicas, UBA) evidencia que “entre los rasgos fundamentales de una sociedad democrática se destacan la credibilidad y la transparencia de las acciones de gobierno. Si hay algo que distingue a la democracia del autoritarismo es que, para gobernar, este último debe apelar a la coerción, mientras que, en democracia, la disponibilidad y libre flujo de la información son lo que permite conocer si los gobiernos responden adecuadamente a los compromisos asumidos frente a la ciudadanía y a los desafíos que les impone la gestión.”Bajo esta perspectiva, no sólo merece rechazo la ideología ―vencida por los votos― de Tierno sino, también, la agresión gratuita y sin fundamento que se motoriza en la Internet local. El programa periodístico Plan B propone ciertos lineamientos en la columna “Comentar no es conventillar”, y, en parte, debería ser así para recuperar el espíritu crítico. Pero dentro de la disputa de espacios de poder, y considerando a la metafísica foucaultiana como el instrumento para diseccionar estos considerandos, la toma de posición del intendente destituido es más loable que la cobardía del stanilismo virtual, porque por lo menos en su práctica discursiva se hace cargo de lo que dice y hace, en cambio, el resto, se esconde (o escabulle) detrás de un presunta tendencia progresista que se aproxima más al riguroso gorilismo.

■Democracia y monopolios

Durante la audiencia pública del pasado 23 de abril, en donde se debatió la Propuesta de Proyecto de Ley Servicios de Comunicación Audiovisual, varios expositores resaltaron que “la democracia tiene una deuda”; quizá se deba corregir el concepto, ya que la presunta “endeudada” sólo es y tiene razón de ser a partir de la práctica, donde se involucra la propia ciudadanía con sus distintos estamentos. La democracia es un término griego que refiere, en sentido estricto, una forma de gobierno, de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad a los representantes; por lo tanto se construye con la participación y la voluntad del conjunto. La democracia no tiene ninguna deuda, la deuda la tienen los que integran e interactúan en ese sistema de organización política y, por sobre todo, la mayor responsabilidad le cupe a sus dirigentes.Dentro de los diversos puntos de vista presentados en el Aula Magna, las organizaciones políticas ―alineadas con el gobierno nacional y popular­― resaltaron en su alocución el sustento filosófico, político e ideológico de la propuesta, y que en coincidencia, más allá de los matices particulares, con otras administraciones de la Patria Grande, este proyecto trascendente representa el dogma fundante de la Nación. Estratégicamente ―alegaban― se debería considerar a los medios como un bien social, con un demarcado carácter participativo, pluralista, federal, ya que los mismos son constructores de sentido que trasiegan el discurso social y conforman la opinión pública. Sin lugar a duda los monopolios mediáticos actuales no conjugan casi ninguna de tales acepciones, pero asimismo se advirtió que al cambiar las reglas de juego no se pasara del monopolio privado de los multimedios al monopolio gubernamental o de las instituciones sin fines de lucro.También se evidenciaba el menosprecio de las alianzas de derecha hacia esta propuesta de proyecto de ley, a la que la han rechazado desde un comienzo y sin haberse informado del contenido. Los grandes medios y ciertos políticos que comparten la restauración conservadora hacen lobby y recrudecerá la pirotecnia verbal a medida que se avance en su debate y respaldo en los foros sociales para su aprobación en el Congreso. El Senador Juan Carlos Marino fue uno de los primeros en despacharse en contra y acusar al Gobierno por las interferencias al grupo Clarín, apuntó al hijo de la presidenta y a la agrupación La Cámpora. Valga el análisis que hiciera el periodista Eduardo Aliverti ―en su programa Marca de Radio― para comprender tales tergiversaciones: “Instalado un relato determinado, por supuesto que sobre bases verosímiles, ‘la gente’ reproduce y amplía como lorito lo que fue pautado para que crea lo que quieren que crea. Un plano análogo al de hace pocas semanas, cuando el Grupo Clarín desplegó una artillería impresionante para destacar, en casual concordancia con el lanzamiento del proyecto de ley de radio y televisión, que su señal de cable era interferida. También fue a las escasas horas cuando se supo que el problema no tenía asiento en ninguna clase de raigambre política, sino en dificultades técnicas originadas por pruebas satelitales a miles de kilómetros. Pero esa noticia, la verdadera, jamás se consignó; y, mucho peor, la falsa ―y la farsa― fue empleada por todo el establishment de prensa, con casi todo el arco opositor haciéndole coro, para advertir que estábamos ante un gravísimo ataque a la libertad de expresión”.Queda muy evidente de que no se disputa sólo una torta económica con esta propuesta de Ley, sino que hay en medio algo más profundo, y es el basamento ideológico que antepone, justamente, a los dos proyectos de país, uno que busca la redistribución de la riqueza y que se hace para todos, y otro donde la riqueza está concentrada en unos pocos. Por lo tanto se recurrirá a cualquier artilugio para que fracase, incluso, acudirán a la violencia como lo hizo la gauchocracia. Por eso ADEPA reaccionó de inmediato, y mediante una batería de solicitadas que serán publicadas en los diarios de mayor venta del país tratará de mellar el proyecto de Ley; incluso los multimedios que defienden la corporación monopólica se colgarán de cada uno de estos panfletos reproduciéndolos hasta el hartazgo, como el de “El rol de los medios” donde se señala el propósito “superfluo, anacrónico y perverso del gobierno nacional de controlar al periodismo”. Está claro, demarcaron el contrapunto con el Gobierno, pero son rayanos en su perversidad, todavía no adujeron ninguna autocrítica de su participación durante la dictadura, sus relaciones y negocios con el status quo nacional, o las divisas depositadas en los paraísos fiscales.

■Panorama sobre los medios

Para saber de qué hablamos no habría que olvidarse la participación del periodista Jorge Lanata el 17 de agosto de 2005 de los desayunos de trabajo en el Instituto Hanna Arendt, invitado por “Lilita”, donde reveló en la charla “Prensa y concentración de los medios de comunicación” parte del entramado de los grupos mediáticos: “Hay una revista de la industria de los medios, que se llama Convergencia Telemática, y hace un esquema de la propiedad de los medios en Argentina […] les voy a contar cómo son esos dos ―o tres― círculos grandes, y van a tener una idea de cómo es la distribución de los medios acá. Empecemos por el Grupo Clarín. Clarín tiene el 82 %. Clarín es una empresa que se llama GC Dominio, que es Ernestina Herrera de Noble, Magnetto, Pagliaro y Aranda, que son los gerentes del grupo. Y el otro 20 % es una empresa extranjera que se llama Godman Sachs. Clarín tiene Canal 13 ―o sea, ARTEAR―, Group SA, la señal Magazine, la señal TN, la señal TyC Sports, la señal TyC Max, el canal 12 de Córdoba, el 7 de Bahía Blanca, el TVC de Pinamar, MTV de Miramar, TSN de Necochea, Multicanal, la mitad de CableVisión desde hace unos días, Súper Canal Holding de Mendoza. Son socios del Grupo Uno ―Vila y Manzano―, y Mas Canosa (h). Ellos tienen el 20 %. Tienen también Tesac, que es Televisión Satelital Codificada, que transmite partidos en vivo, o en diferido, de fútbol. Tienen Teledeportes, que es merchandising de los clubes ―camisetas, zapatillas, etc.―. Tienen TV satelital paga, o sea Direct TV, donde el 64 % es de una empresa que se llama Hughes Entertainment y el 20 % es del Grupo Cisneros, y una parte minoritaria es del Grupo Clarín. Tienen Pol-ka, que producen telenovelas, Patagonik, que produce cine. Ahí están asociados con Admira, que es Telefónica; y con Buena Vista, que es Disney. Tienen el Grupo Clarín Gestión Compartida, digitales e interactivos. Tienen PRIMA, que es Primera Red Interactiva de Medios Argentinos, que el 80 % son ellos y el 20 % es Banco Provincia. Esto fue parte de un acuerdo que, en su momento, hicieron con Ruckauff, cuando quería ser presidente, y les dio un crédito de 14 millones de dólares para comprar una parte de una web de Internet. Tienen PRIMA en Brasil Ciudad Internet, Datamarkets, Fullzero, Clarín.com, Ubi ―que es un buscador―. Y medios en telecomunicaciones, que es Audiotel, que es una de las llamadas ‘telefónicas’ y concursos. Y Página/12. Eso es Clarín. Otro grupo, que ahora está medio en retirada, es un grupo inversor de Texas, el estado de Bush, con mucho vínculo con Bush, que se llama Hits News, Tate & Furst Incoporated. Están asociados con el CD Coros, y tienen una parte en bolsa. Ellos son dueños de parte de Torneos y Competencias, parte de Cable Visión. Están asociados con Clarín en TRISA. Pero lo que quiero que vean es como todo esto se va entrecruzando. Transmiten deportes, también, en TyC Sports y TyC Max ―también asociados con Clarín―, y en Tele Deportes. Y tienen, en el cable, Space, Infinito, Locomotion, Clase, HTV, Much Music, Venus, Playboy TV, Fashion TV y Crónica TV. Son distribuidores en el interior del país. Tienen ya productores de contenido, es decir, que hacen programas. Claxon, asociada con el Grupo Cisneros. Tienen un portal que se llama El Sitio, y están asociados con Pescarmona. Tienen Fibertel, que es una de las más conocidas, Dínamo, Sitio Digital Channel, Sitio.com, Cupido.net ―que es una red de Internet de la Patagonia―, Adchampa Digital, varios portales de revistas, y Admin. Portal.com. Torneos y Competencias está formado, por una parte, por Liberty, que es un fondo de inversión. Por otra parte por Telefónica, y la minoría es el Grupo Ávila, que tiene el 6 % nada más. En TV están asociados con Clarín en TRISA, en TyC Sports, TyC Max, y América TV. En el caso de América TV comparten la propiedad con lo que se llama Grupo Uno Villa Manzano, y ahora con De Narváez, que es candidato a diputado en la lista de Duhalde, y que fue financista de Menem hasta hace 15 minutos. Ellos también tienen entrada a Plus, que tiene que ver con los deportes. Y Teledeportes, que ya dije que es merchandising de clubes. Es interesante que Grupo Uno Villa Manzano, aparte de Canal 2 América TV, que en realidad es de La Plata, tenían parte de Cable Visión Noticias ―que ahora compró Clarín―, y tienen un montón de medios del interior. En TV tiene Súper canal Holding, que es Mendoza, el Grupo Uno, que es el Diario Uno de Mendoza, y el canal de TV más la radio de Mendoza, Canal 7 de Mendoza, Canal 6 de San Rafael, Canal 2 de Santa Fe. Tienen la señal Cablevisión Noticias, que ahora se llama A-24. Como consiguió financiamiento del gobierno, entre los periodistas lo llamamos Alberto 24. Está Horizonte de Mendoza, Supercanal de Mendoza, que es el cable, TyA TV Mendoza, CTC Cable en San Rafael, Telecable en Godoy Cruz, Su Canal en Luján de Cuyo, Pehuenche Cable en Malargüe, Cablevideo y las señales 4, canal 11 en Río Garay. Y el diario de Rosario, una de las radios también de Rosario, y una empresa telecomunicaciones que se llama Sutraltelco SA. Después está el grupo Haddad-Monetta, que son quienes tienen radio Diez, Canal 9, tienen algunas participaciones en canales del interior, Infobae ―que no se lo venden a nadie, pero que es muy consultado y tiene muchas entradas en Internet―. Y van por más. En el caso del grupo Liberty, que también está asociado con los otros que ya nombré, tienen Crámer, América Sport, El Gourmet, Europa Europa, Film & Arts, Yen TV, Magic Kids, Blue Satelital, Río de la Plata y Cosmopolitan TV, todos en un mismo grupo. Y TyE, que yo lo llamo “Trámites y Escritorios”, porque son siempre la misma gente, el escritorio negro y el político que le crece al lado.”Bajo este panorama explicado por Lanata, a quien la líder del ARI le ofreció la candidatura a Jefe de Gobierno de Buenos Aires en 2007, es posible indagar y plantear los cambios de opinión y dirección de la alianza residual, debido a que Gerardo Morales y Elisa Carrió ―los titulares de la UCR y la Coalición Cívica― no hace mucho tiempo solicitaron la intervención de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Alinearse con esta entidad le hace un flaco favor a los consortes de la “Nueva República”, porque ésta se ha destacado por promover una realidad fabricada, en donde los países más libres son los represores, los más controlados son los democráticos y la prensa no es la voz del pueblo sino un arma imperial que distorsiona, manipula y masacra la memoria colectiva; además es muy grosera la actitud que han asumido en su lucha contra los Kirchner que, junto a los programas de TV que los convocan constantemente, y después de aquella cuasi declaración de principios, hayan terminado defendiendo a los grandes grupos comunicacionales, a las AFJP, a la mesa de enlace, etc., etc.

■Contradicciones del Concejo Deliberante

Cuidarse la espalda es una enseñanza que se aprende en casa en relación al mundo exterior, también se aplica respecto a la participación en organismos públicos o privados, y más todavía se la utiliza cuando hay una implicancia o culpabilidad que pueda afectar al negocio. En la ciudad y en ciertos sectores coexiste una práctica cotidiana de lo que se expone, en donde ingresa la democracia, las instituciones gubernamentales, los medios, los ciudadanos.Durante las exposiciones sobre la radiodifusión argentina en la UNLPam se destacó frente a más de un centenar de asistentes, y entre ellos, muchos periodistas, el grueso error cometido por el Concejo Deliberante cuando se reunió la semana previa con las organizaciones políticas y los movimiento sociales, lamentablemente nadie dijo ni publicó nada ―ningún comunicador social levantó la información―, es decir, alguien le cubre la espalda a alguien.En la convocatoria se explicó de qué manera funcionaría el foro y cómo estaba planteada la participación de las instituciones, las organizaciones y el público. En el cónclave se entregaron copias de la Propuesta del Proyecto de Ley a los presentes y se agregó como contraparte ―según señalaron las autoridades del Concejo― y para equilibrar las posturas tanto del Gobierno como de la oposición un artículo publicado en un diario porteño.Quizá el primer error haya sido comparar una propuesta de Ley que abarca alrededor de 150 hojas con una nota de opinión de dos páginas de un diario que tiene intereses creados; también de sindicar que era inoportuno y forzado el tratamiento impulsado por el Poder Ejecutivo del Proyecto de Ley de Comunicación Audiovisual, la cual está hecha en base a la propuesta de 21 puntos elaborada por más de 300 organizaciones sociales, sindicales, de derechos humanos, de pequeñas y medianas empresas y organizaciones comunitarias de la comunicación, que trabajaron durante años en pos de la unidad y modificación de la ley. La cuestión es que se esperó durante años esta posibilidad, entonces por qué seguir esperando? El colmo fue que manifestaban sus dudas y la falta de transparencia, cuando una semana antes el Concejo se había reunido en secreto, a espaldas de la gente, para resolver la aceptación de la prima que le correspondería al Municipio por la coparticipación de la retención a la soja.En fin, hasta aquí sólo se ha refractado lo superficial de la disquisición; pero yendo al fondo de la misma se cotejará lo temerario que ha sido no relevar a la opinión pública esta contradicción. La nota “¿¡Qué querés, Clarín!? publicada en el diario Perfil y que fuera distribuida por el Concejo Deliberante discute poco y nada respecto al proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual, lo que más resalta es la discusión entre el Gobierno, el ex presidente Néstor Kirchner y los medios que ven en peligro su hegemonía y dividendos multimillonarios. Hay un refrito de información con la que se intenta descalificar la toma de posición de los Kirchner, Mariotto y Lázzaro; para contraatacar y defender las ganancias de los monopolios comunicacionales.Y ahora, a modo de prueba, se esbozará el argumento que permite esta polémica, y es que en uno de los parágrafos el autor de la diatriba reivindica la vigencia de la teoría de los dos demonios, la cual ya ha sido denostada por intelectuales, políticos y ciudadanos y se dejó en desuso hace tiempo como equiparación y justificación de la guerra sucia entre las fuerzas armadas de la dictadura y la mal llamada “subversión”. Pero si se revela el nombre de quien escribió el artículo ―que tiene todo el derecho de expresar su opinión evidenciando filiación partidaria o postura ideológica sin caer, desde ya, en la apología del delito― pondrá en apuros a los que repartieron este documento como contrapeso simbólico de la propuesta de Ley. Para andar sin muchos rodeos, se señala que el periodista es Jorge Fontevecchia; quien en el pasado fuera un progolpista, y jamás denunció a la represión. Formó parte de la revista La Semana, que publicó noticias como “Con Videla en Bolivia” o “El día que quisieron asesinar a Videla”. Esta edición acompañó a Videla a cuanto país que visitó, cubriendo la “agenda política” del responsable del máximo genocidio de la Argentina. Tampoco dejaban de lado a Emilio Massera, a quien también secundaban en sus viajes. El grupo Investigaciones Rodolfo Walsh refuerza este cuadro de situación y agrega que “inclusive en un número dedicado a la muerte de Perón, se destaca en la portada ‘Reportaje a Massera en Madrid’”. Cuando éste cayó en desgracia, La Semana pasó a ser vocero de Viola, para luego ser el pasquín del “estamos ganando” durante la guerra de Malvinas, en apoyo a Galtieri.Si se quiere más contundencia, el grupo investigador añade “Fontevecchia también calificó de ‘eficiente’ al genocida Bussi, por su accionar en el ‘Operativo Independencia’, realizado en Tucumán. El artículo comenzaba con el dibujo de un soldado y con el título ‘El Operativo Independencia: La Tumba Guerrillera’”. Y para terminar vale reponer estas líneas: “Por favor, no nos venga a hablar de campos de concentración, de matanzas clandestinas o de terror nocturno […] Esta es una fecha clave para defender el Proceso”; las firma Jorge Fontevecchia, y corresponden a la editorial “Carta abierta a un turista europeo” publicada en la revista La Semana de mayo de 1978, ante la inminencia del mundial de fútbol y para contragolpear lo que llamaban entonces “campaña antiargentina”, montada por organismos políticos y sociales denunciando a la represión.

■Silencio de radio

Se cuestiona la hipocresía de los que denunciaban el fascismo hace poco más de un año y ahora guardaron silencio; también se denuncia la contradicción que ha cometido el Concejo Deliberante al socializar material de una de las plumas que elogiaba al Proceso de Reorganización Nacional para equiparar con palabras de otro el contenido de la Ley de comunicaciones para la democracia. Acaso cobra mayor relevancia el hecho porque hace poco más de un mes co-organizaba con otras instituciones la Semana de la Memoria con motivo de cumplirse un aniversario más del golpe militar del 24 de marzo de 1976.Los integrantes del Concejo Deliberante frente a este equívoco ―empujados por la circunstancia de ser funcionales a la nueva derecha y consustanciarse con la máquina de impedir conducida por Carrió-Morales-Giustiniani― deberán dar respuesta y pedir disculpas a cada uno de los compañeros y compañeras asesinados por la Triple A, a los torturados y desaparecidos en la dictadura, a los Hijos e Hijas recuperados por las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, a los que todavía están en manos de los “carniceros humanos”, a las entidades de derechos humanos, a la responsabilidad histórica del ex presidente Néstor Kirchner y de la actual presidenta Cristina Fernández, por haber tenido la voluntad política de enjuiciar y encarcelar a los responsables de la dictadura militar, a las organizaciones políticas, a las vecinas y los vecinos.Aceptar el error, enmendarlo con una disculpa pública, clarificar la verdadera postura ideológica, tal vez sirva para consolidar y enaltecer la democracia.

Movimiento Evita - La Pampa

Militancia Intrasigente
Por Eduardo Aguirre
Escribir sobre un amigo que no está es una de esas tareas difíciles, abismales, que nos permiten conocer nuestros propios límites, impuestos taxativamente por el dolor de la tragedia y lo irreversible de la pérdida.
En la última década, José María participó decisivamente en la epopeya que significó la creación de la Carrera de Abogacía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam. Creo que estos largos diez años sintetizan lo mejor de los aportes que a esta sociedad ofrendó José María, sin perjuicio de su labor como funcionario y magistrado judicial, que también supo honrar.
Concibió desde su inicio a la Carrera como un espacio impresionante de pensamiento crítico, democrático, horizontal, que permitiría transitar hacia una mayor calidad de las instituciones jurídicas y políticas de la Provincia, y un compromiso consecuente de los operadores del sistema con el paradigma de un Estado Constitucional de Derecho.
Desde un principio decidió dar su pelea desde las instituciones del derecho procesal (ese que sí “le toca un pelo al delincuente”), convencido que el rol de la academia iba a producir una transformación fundamental en las agencias locales. El tiempo demostraría que no se equivocó. La Carrera, los seminarios, la Maestría en Ciencias Penales, los permanentes colectivos de los que participaron reconocidos académicos argentinos y extranjeros, y una numerosa cantidad de alumnos que lo acompañaron, fueron el inicio de cambios trascendentes en la cultura de la jurisdicción, que todavía no terminaron de advertirse en su total dimensión. Con un tesón titánico empezó y terminó la redacción de ese monumental edificio conceptual, ese catálogo de derechos y garantías, original y hermoso, como decía el poeta, que se concretó en un Código Procesal Penal acusatorio para la Provincia. Me resulta grato recordar aquellos horarios insólitos en los que nos juntábamos a discutir las instituciones del código. Tanto como la pasión y el énfasis que ponía en la defensa de todos y cada uno de los artículos.
No conozco una expresión de extensión y compromiso con la sociedad de esas características, surgido de una Universidad Pública, y en condiciones tan difíciles si se toma en cuenta el discurso hegemónico y las prácticas conservadoras a las que debió sobreponerse. Tampoco recuerdo que se lo haya reconocido en su justa dimensión, aunque por cierto, esto me sorprende mucho menos.
La implicación entre su función judicial y su participación académica se sintetizaron en su inquebrantable convicción de respeto por el programa de la Constitución, los Derechos Humanos y el catálogo de garantías.
Un día, hace tanto y tan poco tiempo, nos dejó. Se fue tan vertiginosamente como vivió. Una multitud de alumnos, docentes y amigos lo recordó hace pocos días, en un encuentro tan inusual como emotivo llevado a cabo en la Facultad, su casa. La obra inconclusa de su militancia constituye, ahora, un patrimonio socializado. Y una responsabilidad que no podremos eludir.
Por Francisco María Bompadre

El Estado está llamado a mantener el orden.
La represión y la violencia están, entonces,
en la esencia del poder estatal.
Ángel Cappelletti


El presente trabajo analiza algunas de las justificaciones[1] que se han presentado en la filosofía política en torno a la necesidad de la creación -artificial- de una de las instituciones más emblemáticas de la modernidad: el Estado[2], en tanto institución política con el monopolio de la violencia legítima y la capacidad de sancionar leyes[3]. Como expresa Dotti:

“Lo que para los antiguos era la conclusión natural de la evolución de formas de existencia siempre orgánicas y comunitarias, para los modernos es el resultado de una ruptura voluntaria de la condición en que la naturaleza ha puesto al hombre” (1994:57).

Y aquí radica el problema central que consiste en armonizar la autonomía individual del ser humano moderno en tanto sujeto libre, con la obediencia -constatada empíricamente- de las mayorías en beneficio de las minorías. La pregunta que permite saltar el puente radica en descifrar por qué algunos mandan y otros simplemente obedecen; y la respuesta va a estar dada en torno al propio consentimiento.

[1] En tanto existencia de obligaciones políticas universales, es decir, el deber en circunstancias normales de obedecer las leyes del país por parte de todas las personas que residan dentro de las fronteras estatales (Wolff, 2001:57).
[2] Sobre la problematización y discusión en torno al origen del Estado, véase Bobbio (2006:86-101).
[3] Como bien se explica en el texto de Wolff (2001:54), estas dos características del Estado no están exentas de algunos problemas de importancia.


Desde esta perspectiva nos centraremos en la corriente denominada contractualismo, entendiendo en sentido amplio:

“todas aquellas teorías políticas que ven el origen de la sociedad y el fundamento del poder político (el cual será progresivamente llamado potestas, imperium, gobierno, soberanía, estado) en un contrato, es decir, en un acuerdo tácito o expreso entre varios individuos, acuerdo que significaría el fin de un estado de naturaleza y el inicio del estado social y político”,

Y, en un sentido más reducido:

“una escuela que floreció en Europa entre el inicio del siglo XVII y el fin del siglo XVIII, que tiene sus máximos representantes en J. Althusius (1557-1638), T. Hobbes (1588-(1679), B. Spinoza (1632-1677), S. Pufendorf (1632-1694), J. Locke (1632-1704), J. J. Rousseau (1712-1778), I. Kant (1724-1804)” (Bobbio et al, 1994:350).

De estos autores mencionados tomaremos de manera muy breve la figura y obra de tres de sus exponentes principales: Thomas Hobbes, John Locke y Jean Jacques Rousseau.

Consentimiento, contrato, pacto, estado de naturaleza, sociedad política o civil, ius in omnia. Palabras, conceptos, ideas que si bien no son nuevas o extrañas, se resignifican a la luz de los nuevos tiempos que corren en los tumultuosos siglos XVII y XVIII europeos. La modernidad en occidente modifica las maneras en que los hombres se relacionan entre sí, con la naturaleza y ante lo trascendente, secularizando y laicizando la teología y la metafísica tradicionales. Un sostenido y creciente proceso de individualización y racionalización logran afianzar el cógito cartesiano como instancia de fundamentación y legitimidad del nuevo orden político. La permanencia del estado de naturaleza donde cada quien tiene derecho al todo, y a su vez es juez en su propia causa, conspira contra cualquier estrategia política de afianzar una autoridad común sobre los hombres: de ahí la inevitable salida que garantice la paz, la industria, la propiedad y la sanción al quebrantamiento del pacta sund servanda (Supiot, 2007:129-130). La forma de superar la situación pre-política, que propone el modelo contractualista (también denominado iusnaturalista) consiste en la firma del pacto social entre los individuos, de manera que renunciando a algunos de sus derechos garantizan la vigencia de otros; e instituyendo una autoridad en común -tanto en el ámbito político como en el religioso- entre todos los firmantes -el soberano o Leviatán- se establece un legítimo actor en la decisión de las controversias entre los súbditos como así también en las sanciones ante los incumplimientos de los contratos: la salida del estado de naturaleza o sociedad pre-política conlleva la vigencia de la sociedad civil o política.

Wolff (2001:53) sostiene que los defensores del Estado deben proponer y brindar una justificación positiva en pos de la existencia del Estado que demuestre que tenemos el deber moral de obedecerle; descalificando la tesis que sostiene su propia legitimidad en la inexistencia de una respuesta mejor a la solución del problema de la anarquía y la intolerancia de la vida en el estado de naturaleza. Con ingenio, expresa Wolff (2001:60-61) que aunque el estado de naturaleza haya existido o no, lo que es seguro que no existió es la firma del contrato social: no hay nadie que recuerde haberlo hecho. Y aunque alguien recuerde la firma del mismo, no podría obligar a todos aquellos que no lo firmaron, ni a las generaciones posteriores. Asumida esta situación puede alegarse según el autor, que el consentimiento tiene lugar de un modo menos explícito, por ejemplo a través de las elecciones: si votamos a favor del gobierno le damos nuestro consentimiento; e incluso aún si votamos en contra, estaríamos convalidando el sistema en términos generales. Pero este argumento replica Wolff presenta varios problemas dado que no es posible interpretar las abstenciones o el voto en blanco como apoyo al gobierno, e incluso los que votan en contra del gobierno pueden estar en disconformidad con el sistema en general. Por su puesto que la situación no llega a buen puerto obligando a votar a los individuos, dado que en esa hipótesis, el consentimiento no puede ser considerado como voluntario. Abandonada la teoría del consentimiento expreso, el autor en cuestión analiza las teorías sobre el consentimiento tácito:

“De hecho, todos los grandes teóricos del contrato social -Hobbes, Locke, Rousseau- apelan de distintos modosa argumentos basados en el consentimiento tácito. La idea central aquí es que mediante el disfrute silencioso de la protección del estado uno consiente tácitamente a aceptar su autoridad. Esto basta para obligar al individuo a obedecer al estado” (2001:62).

Wolff responde a esto con el argumento de Hume (1711-1776):

“La idea de Hume es que el hecho aislado de residir en un lugar no puede interpretarse como consentimiento. ¿Por qué no? Pues simplemente porque entonces nada podría entenderse como disentimiento excepto el hecho de abandonar el país. Pero una condición así es sin duda demasiado exigente como para poder concluir de ella que los que se quedan en el país dan realmente su consentimiento” (2001:63).

Finalmente, Wolff estudia la hipótesis del consentimiento hipotético, en el sentido de pensar que hubiéramos hecho de estar viviendo en el estado de naturaleza, especulando con la idea que ante la falta de Estado, apenas nos diéramos cuenta de la situación, tenderíamos a pactar o contratar para crear uno. Este argumento parece sólido, pero en seguida muestra las limitaciones que posee dado que el consentimiento para la firma de nada más y nada menos que el Estado, se basaría en un hecho hipotético que nunca sucedió; y aún en el caso del consentimiento disposicional, el argumento sigue siendo muy débil. Parecería entonces que las distintas versiones de la teoría del consentimiento (del contrato social) no pueden justificar la tesis de que todas las personas tiene obligaciones políticas (2001:64-66).

Según la clasificación seguida por Malem Seña (1996:523) dentro de las denominadas teorías voluntaristas (las que requieren del consentimiento y voluntad de un individuo para asumir una obligación), se puede distinguir dos niveles diferentes, donde uno de estos hace referencia a las maneras y formas de manifestar el consentimiento (consentimiento expreso y tácito); y el otro, al número o cantidad de personas que deben brindar el consentimiento (por unanimidad y por mayoría). La teoría del consentimiento expreso requiere de un acto externo y claro para obligarse, de manera tal que un sujeto autoriza y/o acuerda con otro la posibilidad de que éste actúe donde solamente aquel tenía derecho a accionar. Esta modalidad consensual ha sido blanco de varias críticas, entre ellas que no es viable un sistema donde cada uno de los súbditos deba consentir cada una de las leyes del Estado; además de la desigualdad que se generaría ante la situación de que determinadas personas deban obedecer mientras que otras no. Por su parte, ante las dificultades de sostener un modelo como el anterior se trató de relativizar el requisito del consentimiento, llevándoselo simplemente a su modalidad tácita: un individuo consiente tácitamente al Estado cuando goza de los beneficios que éste le otorga (disfrutando de la posesión y propiedad de sus bienes, viajando por sus caminos y carreteras y/o simplemente permaneciendo dentro de los límites territoriales. A esta postura, defendida por John Locke, se le ha cuestionado la suposición de que la mera residencia constituya consentimiento en términos tácitos por parte de los individuos. La versión que da cuenta del consentimiento unánime de los individuos para justificar una obligación general de obedecer el derecho, ha sido acusada de conservadora y defensora del statu quo vigente, dado que una sola voluntad en contra imposibilitaría la conformación de la unanimidad y tornaría ilegítima una norma que en esas circunstancias se pretende aplicar a las personas. Esta crítica y la dificultad práctica de lograr unanimidad ha llevado a que se propongan las fórmulas del consentimiento por mayoría: se configuraría el consentimiento cuando es prestado por un amplio conjunto de personas a una determinada modalidad procedimental para la sanción de las leyes. Ahora bien, el problema que surge aquí es sobre la legalidad de que la mayoría obligue a la minoría disidente a la obediencia moral al derecho y a las leyes, tomando en consideración que la fundamentación de la obligación moral consiste en la realización de actos voluntarios y concientes, lo que parece a todas luces no suceder aquí (Malem Seña, 1996:523-527).

Desde la perspectiva de los dos autores (Wolff, 2001 y Malem Seña, 1996) que han tratado el tema en extenso, se desprende que la teoría contractualista -en sus diferentes variantes- no puede fundamentar la obligación moral de obedecer al Estado y las leyes; dado que todas las posiciones que exploran diferentes variantes en la manera de prestar consentimiento a la obligación dejan importantes cuestiones y problemas sin resolver ni solucionar.

De todas maneras esto no significa que estas construcciones teórico especulativas no hayan sido fructíferas en la filosofía y la ciencia política. ¿Cada uno de los tres autores a su manera cumplió su objetivo?: el viejo Hobbes garantizó la seguridad bajo la figura de un soberano absolutista poniendo fin a las guerras religiosas; aunque bueno sería decir que no desapareció el miedo a la muerte violenta en manos de otro, sino que se desplazó a la figura del Leviatán, mucho más poderoso que cualquier individuo en particular, y aún más impune, dado que el soberano hobbesiano no pacta, por ende, conserva el derecho al todo manteniéndose en el estado de naturaleza: ius in omnia. Desplazamiento del miedo a alguien más poderoso, es cierto, pero también, derecho a preservar la propia vida, derecho inalienable que permite toda una interpretación sobre la desobediencia a la ley en situaciones de alienación legal (Gargarella, 2004), algo sobre lo que Hobbes no estaría de acuerdo.
El empirista Locke, salió de su estado de naturaleza (donde ya hay propiedad privada, a diferencia del modelo hobbesiano) para garantizar las desigualdades que ya se habían producido: la garantía sería el soberano (poder legislativo), en base a una supuesta desigualdad ente los hombres que tiene su origen en el trabajo humano, es decir, Locke está concibiendo que el valor viene dado por el trabajo humano, línea que seguirá posteriormente la escuela clásica inglesa de economía política (Smith, Ricardo, etc.), concluyendo en la teoría del valor-trabajo marxista, que justamente vendrá a impugnar “esa” desigualdad en la propiedad privada que tanto preocupaba garantizar y proteger a John Locke, y que lo motivara a salir del estado de naturaleza. Un sin fin de revueltas, revoluciones clasistas y destrucciones de propiedad privada tuvieron su origen en el germen de la concepción liberal de la fuente del valor en el trabajo humano acuñada por Locke: paradojas.
Finalmente, el gran personaje universal de la ilustración europea Jean Jacques Rousseau, que firma el pacto para lograr el virtuosismo del ciudadano, y que proclamara la libertad y la igualdad de los hombres, sería impugnado por la teoría feminista de principios del siglo XX por discriminar a las mujeres al ámbito privado (no político) y sería usado por concepciones totalitarias de la sociología política, que basándose en la eliminación del infractor del pacto social, acuñaron la categoría jurídica de Derecho Penal del Enemigo, con quien el Estado no dialoga (como sí con el delincuente común), sino al que directamente se debe eliminar física o civilmente: la ley “antiterrorista” sancionada en nuestro país en el año 2006 es un ejemplo de ello.

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