"La globalización es una religión perfecta que ni siquiera necesita jerarquías"
El filósofo español Ignacio Castro Rey dialogó en Multitud con Eduardo Luis Aguirre sobre la globalizacón, en un intercambio orginal e imprescindible.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 

Los húngaros irán a las urnas el próximo 3 de abril con dos opciones en apariencia bien diferenciadas: reelegir al premier ultraconservador Viktor Orbán, que lleva 12 años en el poder en el poder, o dar paso a una oposición que se une por primera vez desde que el líder nacionalista instauró un régimen “iliberal” que confronta con el modelo democrático de la UE y que atraviesa serias dificultades económicas que pueden definir su continuidad.

 

Durante las últimas tres décadas, el mundo ha cambiado aceleradamente. Fue bipolar hasta el colapso de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín, devino luego unipolar con el "fin de las ideologías" y de la historia y el fortalecimiento imperial de los Estados Unidos y, con una vertiginosidad sin precedentes históricos, se transformó en un gigantesco galimatías multipolar.

Eduardo Luis Aguirre analizó en su programa "Multitud" el protagonismo de Bielorrusia, principal aliado de Putin en la guerra.En el espacio radial de política internacional que se emite todos los sábados a partir de la hora 12 de Argentina en Radio Kermés (FM 106.1), el pensador y analista recorrió los 24 años de presidencia de Lukashenko, la obstinada resistencia de un régimen leninista, su realidad actual, su participación directa e indirecta en la guerra y su alianza histórica con Moscú. Una hora para entender otras claves del conflicto y completar un repaso por la situación de una región en Conflicto. 

Por Lidia Ferrari (*)

 


En alguna época para entrar a un discurso era preciso ir a buscarlo. Hoy nos llegan directamente a los dispositivos que tenemos en mano. Nos dan la ilusión de que los hemos ido a buscar. Ellos nos invaden sordamente de tal modo que creemos ser nosotros los protagonistas de los escenarios en que participamos. En los momentos más íntimos y desolados los ruidos ambientales más ensordecedores de goces malignos se nos imponen.

Por Eduardo Luis Aguirre

El impacto mediático mundial que ha provocado, razonablemente, la guerra en Ucrania, ha dejado de lado el dantesco conflicto que vive Yemen, que data al menos  de 11 años y también es consecuencia de las intervenciones primaverales del sistema de control global punitivo neoliberal. Las cifras son impactantes: más de 233.000 muertos (algunos medios hablan de 400.000) y 2,3 millones de niños con desnutrición aguda. Falta agua potable y atención médica para la población. 

Eduardo Luis Aguirre y un diálogo con Martín Baña, autor del libro "Quien no extraña al comunismo no tiene corazón. De la disolución de la Unión Soviética a la Rusia de Putin" en la edición sabatina habitual de "Multitud".



Escribe Germán Palkowski, edita Ariana Ortega 

Esta guerra no es contra el ucraniano o de parte de los ucranianos. Tampoco es contra Europa. Es contra el mundo liberal y el (des)orden y no estamos para salvar al liberalismo, sino que vamos a acabar con él de una vez y para siempre. La modernidad era esencialmente mala. Estamos en el punto de la Modernidad terminal. Para los que hizo el propio destino de la Modernidad es dejar que se haga inconscientemente lo que significará el final real. Pero para aquellos que están al lado de la verdad eterna de la Tradición, de la fe, de la esencia humana espiritual e inmortal, éste será el nuevo comienzo”.1