Hoy se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Eduardo Porta, militante político y social, intelectual del campo popular, detenido y desaparecido en la Córdoba de Menéndez. Su deceso ocurrió el  29 de agosto de 1990, cuando apenas tenía 36 años.

“Navidad del 89” es un aporte de Alberto Gurruchaga, escrito en julio de 2010, justo cuando el militar genocida era condenado por primera vez. El mismo Alberto contextualiza  "La maternidad de Lila",  un impresionante relato del propio Eduardo escrito en cautiverio el 7 de diciembre de 1982 que también transcribimos.

Por Roberto Ottaviano (*)

Creemos que es necesario, -aunque se ha escrito bastante alrededor del tema- analizar el escenario socioeconómico y político nacional, abierto a partir del fallo del jueves 18 de la Corte Suprema de Justicia con relación al tarifazo de gas.

La presentación ante la justicia, a través de un recurso de amparo, había sido hecha por una ONG, el Cepis (Centro de Estudios para la Promoción de la Igualdad y la Solidaridad), en el Juzgado Federal Nº 4 de La Plata, en abril de 2016.

Si todo saliera como pensamos, si los planetas se alinearan en los próximos días, este espacio pasaría a tener un formato y una dotación de posibilidades compatibles con su crecimiento sostenido de los últimos tiempos.

Por Hubert Matías Parajón*

A doscientos años de la declaración de la independencia de la corona española y de “toda otra dominación extranjera”, el país vuelve a encontrarse colonizado bajo el mando de empresarios a cargo del poder político que con sus decisiones someten el destino del país al capital financiero transnacional del que forman parte. La actual coyuntura junto a otras tantas restauraciones conservadoras que debimos padecer, demuestra que por más declaraciones que se hagan, la independencia no se obtiene de una vez y para siempre. Los procesos políticos que mediante sus diversas acciones contribuyen a incluir a los más desfavorecidos reduciendo la brecha de desigualdad propia de todo sistema capitalista, son blanco directo de ataques de ese mismo poder que no está ni estará dispuesto a ceder uno solo de sus privilegios. A estos llamados poderes fácticos incrustados en los poderes políticos no los beneficia ninguna medida redistributiva de la riqueza o de ampliación de derechos para las mayorías populares, pues les implica dejar de percibir el mayor rédito económico al menor costo posible. 
El deterioro del tejido social y del aparato productivo local provocado por la indiscriminada ola de despidos, apertura de importaciones, devaluación, especulación financiera y los aumentos tarifarios desenfrenados que hieren de muerte a las pequeñas empresas y a la mayor parte de la población, es dispuesto por aquellos mismos que actúan de los dos lados del mostrador representando los intereses de las empresas favorecidas por sus propias medidas. De ahí su desprecio por cualquier iniciativa que redunde en inversión social, fomento del mercado interno y de la industria nacional. Uno de sus objetivos centrales es el de crear las condiciones para que nos convirtamos en una guarida fiscal que le haga el caldo gordo a la especulación financiera y a la fuga de capitales para pasar a quedar reducidos, a lo sumo, a un país de servicios con eje en el modelo hindú, tal como con su dislexia cool lo han venido sosteniendo sus gerentes. 
Lamentablemente, todo proceso transformador atraviesa por momentos de avances y retrocesos. Que este bicentenario nos lleve a reflexionar acerca de que el colonizador dejó de ser la tropa militar. Hoy está representado por los sectores económicos más reaccionarios y concentrados a cargo del manejo del Estado que con su matriz intrínsecamente perversa, excluyen, hambrean y reprimen al pueblo con la complicidad de los medios de comunicación afines y la anuencia de la corporación judicial dispuestos a perpetuarse en el poder. La conservación de sus privilegios atenta contra la justicia social y nuestra soberanía. Será el terreno cultural el ámbito apropiado en el que a estos sectores se le dispute el poder para someterlo definitivamente al control político del Estado, garantizando así nuestra independencia.
* Abogado.


Las personas que no trabajan y que no emprenden nada en la vida pierden con facilidad la paciencia y cometen errores cuando juzgan el trabajo de los demás”. Aleksandar Vuksanovic eligió esta frase de Ivo Andrić, premio Nobel de literatura en 1961, para inaugurar su documental “A un solo disparo”, un film alternativo sobre la I Guerra Mundial  que se le parece muchísimo y que compartimos con nuestros lectores. Ocurre que me acaban de avisar que Aleksandar nos ha dejado. De manera inesperada, a las corridas. Como se me representaba que vivía este militante, escritor, creador, polemista, laburante y obstinado gladiador del argumento. Un pacifista empedernido empeñado en mostrar, en cuanto espacio pudiera, las miserias de los poderosos del mundo y de las guerras. No le faltaban motivos y le sobraban razones. Su propia biografía, lo poco que yo conocía de ella, le obligaba casi fatalmente a asumir ese rol. Lamentamos mucho su abrupta partida. Demasiado abrupta. Día llegará en que podremos extendernos más sobre él, que lo merece sobradamente. En este momento, la pesadumbre agobia.
El prestigioso fiscal al que le acaban de entregar el premio "Rodolfo Walsh", la distinción más importante a la que un abogado podría aspirar en materia de Derechos Humanos, es Miguel Palazzani. Que es, como nos sucede a todos, muchas cosas a la vez, pero también -déjenme decirlo- un profe de nuestra Facultad. Durante muchísimos años, a través de fatigosas especulaciones y horas arduas, hemos conversado (y lo seguimos haciendo) con nuestros alumnos sobre el perfil del abogado y la enseñanza del derecho. Sobre los riesgos ciertos que entrañan el burocratismo, el ritualismo, el dogmatismo, el conservadurismo, el positivismo y otras calamidades que se abaten sobre la academia y la profesión de abogado.También, sobre la necesidad de actualizar y fortalecer el acotado margen de proyección de nuestros insumos conceptuales con otros saberes que no siempre van de la mano con las concepciones tradicionales del derecho. Como no podía ser de otra manera, insistimos desde la misma perspectiva en la necesidad de generar una epistemología contrahegemónica, un pensamiento crítico emancipatorio, una concepción social de la abogacía.
Por eso, estuvo bueno que, al presentar la "finalidad" de la Carrera, la propia Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam dejara en claro algunas cuestiones que no son menores.
Nuestra Facultad enuncia específicamente que pretende "estimular una concepción crítica del derecho, fomentar un espíritu creativo para imaginar y obtener soluciones jurídicas y originales y formar profesionales para una concepción acabada de la realidad, de manera que permita reconocer las necesidades de la sociedad y las transformaciones requeridas en relación con el derecho.para servir con conciencia a los ideales de libertad e igualdad..." (extraído de su sitio web). Con estas dos evidencias a la mano, se me ocurre que de ahora en más, podríamos decirles, mucho más sintéticamente a nuestros alumnos que, también, pueden ser como Miguel Palazzani.
Por División Las Heras

Durante “la década ganada” en Latinoamérica, gracias a las políticas redistributivas implementadas por los gobiernos populistas, millones de personas que estaban en la pobreza pasaron a formar parte de la mal llamada “clase media”. En realidad, durante ese período sólo aumentaron notablemente su nivel de ingresos, pero esto no significó de ninguna manera que se cambiara la estructura de clases en la región.
Ese aumento en sus ingresos, como estaba previsto, fue destinado casi exclusivamente a un consumo que amplió el horizonte de proyección del mercado interno. Pero derivó en la creación de miles y miles de consumidores, con una percepción distinta de la realidad. Nuevos sujetos para quienes "todo" parecía estar al alcance de la mano, y lo estaba -en todo caso- sólo como consecuencia de su esfuerzo individual. Ya hemos señalado algunas características del consumidor: tiende a ser lábil, individualista, insatisfecho permanente, despolitizado, incapaz de reconocer la intervención del Estado en su bonanza. Y además hace del consumo una expectativa existencial.

Por eso constituyó un error llamar a esos sectores emergentes clase media, concepto multívoco si los hay. Y esto ha sido fomentado y estimulado por el neoliberalismo, por muchas razones. Porque había campo fértil para que estos sectores socialmente promovidos se sintieran efectivamente “clase media” y de esta manera, fácilmente fueron finalmente cooptados cultural e ideológicamente por el consumo, la “revolución de la alegría” o similares, adhiriendo a un proyecto político por el que difícilmente se hubieran sentido representados antes de la "década ganada".




Ese error, de manera directa o indirecta, le sirvió a la derecha para demasiadas cosas. Ganar el balotaje en la Argentina, lograr la destitución de Dilma en Brasil, debilitar al chavismo, erosionar el nivel de aceptación de Correa,  etc. 
Esa supuesta “clase media” entró en crisis a los pocos meses de ponerse en vigencia el plan económico que los CEOS trajeron bajo el brazo, como se está viendo en nuestro país. Y hoy esa importante fracción del pueblo se empieza a mostrar como lo que verdaderamente es: el sector mejor pago de los trabajadores, el que pasó sin escalas de votar a MM por el impuesto a las ganancias, a temblar hoy por el desempleo rampante.

Ese yerro analítico, profundizado con la expectativa estratégica equivocadas de poder construir un capitalismo “bueno” gracias al consumo del keynesianismo táctico y tardío, contribuyó a que del lado del pueblo no existiera un proyecto político claro para ganar políticamente a ese determinante segmento de la sociedad argentina.

No se tuvo en cuenta lo que, según Jorge Alemán “...Es la “violencia sistémica” del régimen de dominación neoliberal: no necesitar de una forma de opresión exterior, salvo en momentos cruciales de crisis orgánicas y en cambio lograr que los propios sujetos se vean capturados por una serie de mandatos e imperativos donde los sujetos se ven confrontados en su propia vida, en el propio modo de ser, a las exigencias de lo “ilimitado”....” (1) Mandato que, vale aclararlo, obliga al sujeto a ser el empresario exitoso de sí mismo. Barrera infranqueable, paradójicamente, para un trabajador.
Para este sector de trabajadores, hasta hace poco tiempo bien pagos,  también aparece como “ilimitada” la capacidad del hombre gracias al desarrollo de las ciencias y las tecnologías y lo limitado que está el acceso a esas capacidades por la dominación neoliberal. Enajenación clarísima, pero bien explotada por el “coro de niños cantores offshore”, que les permitió obtener una mayoria transitoria como para desmantelar en poco tiempo la mayoria de las conquistas de la susodicha década ganada. Y pasar de esta manera a ser en poco tiempo más, a los ojos de esa “clase media” tan festejada con globitos de colores, una “banda de aves de rapiña”. Como lo fueron siempre.

Pongámosle nombres para ejemplificar: los trabajadores petroleros, que acaban de realizar el “comodorazo”, los de las fábricas de tecnologías de la información, los de Impsat, los nucleares, del Conicet, los de informática, químicos, medicamentos, etc. que verificaron en la práctica, no solo que son (muy) capaces, sino que el país está en condiciones de manejar la alta tecnología y con ello aspirar a una vida digna y un desarrollo equitativo autonómico.

Estos trabajadores son los que naturalmente protestaban  contra el impuesto a las ganancias por su trabajo mientras el “coro de niños cantores offshore”, en el gobierno anterior, tambien como en todos, evadía despreocupadamente sumas miles de millones de veces superiores.

El eje de la resistencia al desguace del estado, seguramente pasará por ellos, pero creemos, además, que la posibilidad de realización de un proyecto popular depende de tenerlos en cuenta como el sector mas dinámico de la producción y capaz de aglutinar al conjunto del pueblo.

Los tres actos masivos -24 de marzo, comodoro PY, y 1º de Mayo, más el Comodorazo, mostraron esta tendencia y dejaron colgados del pincel a la mayoría de la “oposición”, política. Ni hablar de los CEOs, que empezaron a los codazos, no solo por los negocios que sus empresas pueden hacer en el desguace, sino porque no saben cómo sigue esta película, con la economía “sincerada” respondiendo al mercado; al gobierno de la alianza le queda -para pasar el largo invierno que se avecina y que puede durar años- intentar seguir engañando a través de los medios y los Servicios que debería proveer el estado en liquidación acelerada. Como respondieron al Dengue responderán a la Gripe A, a las inundaciones, etc. etc. etc.Y esa vieja frase, que viene de lejos en la historia, de que puede empezar a sentirse “tronar el escarmiento” le eriza su tupida pelambre.

Pero es justamente en esta situación donde aparece más patente la necesidad de la emergencia de una voluntad popular expresada en un proyecto político, insumo -como decíamos- muy escaso, y no sólo  en el país. Y que no se resuelve sólo con la aparición del “santiagueño desconocido” de Prat Gay, sino con la creación de un bloque histórico y la construcción de una nueva hegemonía. En la que será decisiva, una vez más, la batalla cultural inconclusa.

La movilización y la organización popular, pero también el desarrollo teórico y el fortalecimiento de un bloque histórico, son las claves para terminar con la pesadilla del advenimiento neoconservador. Ni siquiera es esperable la exhumación de la cláusula gatillo de la consabida "unidad" totalizante del pejotismo, porque a esta altura ha quedado lamentablemente probado que -desatada la batalla cultural y política- la derecha peronista va a volver a jugar con la restauración derechista. Ya lo ha hecho dos veces en el Congreso. Cuenta con muchas fortalezas, la derecha, y con una debilidad estructural, hasta ahora insuperable. Esa que le señala sus propios límites. Ni Clarín, ni la Nación, ni las corporaciones de distinto pelaje ni los intentos destituyentes, ni Comodoro Py (la versión tercer milenio del Edificio Libertador) han sido capaces de debilitar la capacidad de organización y movilización popular de una alternativa emancipatoria que sigue conservando el rol para nada superfluo de sentirse (y ser) la primera minoría. No hay una síntesis ni una construcción alternativa a este bloque inconcluso, que tiene una tarea febril por delante: la segunda batalla cultural.



Cuando hablamos de los Panamá Papers y su verdadera significación y dimensión, tropezamos con una gigantesca maquinaria propagandística hegemónica local que pretende reducir este tipo de conductas a meras infracciones administrativas, cuando no a una expresión intrínseca a la libertad de empresa. Este comportamiento insólito solamente se comprende porque el presidente de la Nación y parte de su grupo más cercano aparecerían seriamente implicados en este escándalo internacional sin precedentes, que en condiciones menos desiguales de la lucha por la cultura y el sentido común, habrían tenido un desenlace diametralmente distinto. Estos efectivos y denodados esfuerzos por minimizar pòsibles delitos de cuello blanco, son, en realidad, algunas de las denominadas "técnicas de neutralización" que Edwin Sutherland explicaba en sus estudios sobre los ilegalismos de los poderosos, que han merecido suficientes abordajes en esta misma hoja. En síntesis, y como ya lo expresáramos en esas oportunidades, se trataría de delitos cometidos por personas que gozan de un alto status social y que se cometen en el ejercicio de sus respectivas funciones. Ese tipo de perpetradores, a diferencia de los que el mismo Sutherland caracteriza como "ladrones profesionales", nunca se asume como delincuente y cuenta, para eso, con dos herramientas legitimantes por demás efectivas. Una de ellas es un sistema de percepciones hegemónico y organizador de las sociedades capitalistas, que asimila la "inseguridad" únicamente a los delitos de calle o de subsistencia, y que a lo sumo desaprueba los denominados delitos contra la administración pública, a los que asimila como "la corrupción", escamoteando la categoría de "estado ampliado" que indudablemente integran estas corporaciones de poderosos, como enseña Gramsci. Otras son, como ya enunciamos, las técnicas de neutralización que desarrollan todos los delincuentes, y que en el caso de los delitos de cuello blanco, generalmente tienen que ver con intentos más o menos consistentes de menospreciar o controvertir las acusaciones, exhibirlas como un ejercicio de la libertad individual o justificarlas por medio de la necesidad de sobreponerse a un exagerado intervencionismo estatal que "ahoga" a la "libre empresa", entre otros pretextos. Abstracción hecha de estas especulaciones criminológicas aclaratorias, conviene tener en cuenta cómo se visualizan este tipo de prácticas desde los países "serios" a los que tanto hemos querido parecernos. Compartimos con nuestros lectores una edición del programa "Fort Apache" de la cadena Hispavisión, que conduce el referente de "Podemos", Pablo Iglesias.