“Tenemos el desafío de bajar la invisibilidad social porque no todos los seres humanos son tratados como personas. Es necesario contar con funcionarios profesionales y tener los instrumentos para llenar de defensores públicos a toda América Latina, América del Norte y porqué no, todo el mundo” (Haman Tabosa de Moraes, Defensor Público General Federativa de la República Federativa del Brasil).

Prácticamente desde que asumió su función, en el año 2012, el titular de la Defensa Pública santafesina, Gabiel Ganón, fue objeto de una persecución sistemática por parte de diversas agencias estatales y poderes fácticos determinados que observaron la labor del funcionario como una amenaza para el establishment local.

Por Nora Merlín

Ni una menos
Una decisión colectiva expresada por la consigna "Ni una menos" está poniendo en cuestión algunos "patrones" naturalizados que funcionaban como pilares organizadores de la cultura: mandatos machistas, violentos y en su forma extrema femicidios.

En la Argentina asistimos a un cambio de época que excede largamente los matices insustanciales de la mera transición de un gobierno a otro. Abarca, en su  imperceptible profundidad, la renovada disputa por la cultura, por la construcción de nuevas subjetividades, por la configuración de un nuevo sentido común, de una cosmovisión del mundo y de las relaciones intersubjetivas en su conjunto.

"La barbarie no existe, pero si existe, nosotros somos más bárbaros que los indios. El universalismo cristiano se conjuga aquí con la valoración positiva del buen salvaje" (Todorov,Tzvetan: El miedo a los bárbaros, Ed. Galaxia Gutemberg, 2014, p.38)

El concepto de Relaciones Internacionales, fundamental para comprender los comunes denominadores entre control global y derecho, se ha vuelto particularmente polisémico durante la modernidad tardía.


por Aitor Álvarez Fernández (*)




Se pretende explicar a qué se debe el continuo incremento de neurocientíficos en el tratamiento de cuestiones psicológicas y delimitar la Psicología frente a las «Neurociencias». 

En la Argentina, pese a que la Ley de Salud Mental Nº 26657 tiene más de un lustro de vigencia, se calcula que más de 22.000 personas siguen privadas de libertad en establecimientos monovalentes, la mayoría de ellos en condiciones de flagrante violación de sus Derechos Humanos fundamentales.

Por Eduardo Luis Aguirre

Escribí aquel artículo bastante tiempo antes de que saliera publicado en este espacio, el 4 de diciembre de 2015 (1), mientras esperaba la salida de mi vuelo en el aeropuerto metropolitano. Es bueno contextualizar, en estos casos. La idea era, en ese entonces, generar un disparador sobre el presente y el futuro del paradigma emergente de la Ley de Salud Mental y sus rupturas categóricas. Una de ellas, justamente, saldada contra la lógica del secuestro institucional en un ámbito hasta ese momento inesperado. Por lo menos, para los penalistas.

El increíble discurso del Intendente de Bahía Blanca, proferido en una ciudad cuya carga simbólica no es preciso enunciar, un 25 de mayo, rodeado de uniformes y aupado por el voto mayoritario de sus vecinos, no puede ser tomado como un mero exabrupto. Nadie que no se sienta legitimado y fuera del alcance de cualquier tipo de reproche institucional podría emular la nefasta reivindicación del pasado trágico argentino y la convocatoria a identificar y combatir a un nuevo enemigo interno. La retórica de este funcionario electo exhuma las lógicas constitutivas de un "otro" desvalorado, creado unilateralmente por quien lo "identifica" y lo constituye como un riesgo para las mejores tradiciones que encarnan un ser nacional análogo del que brotaba a borbotones de los discursos genocidas durante la dictadura cívico militar. El intendente no es el único nostálgico del destino manifiesto de la eliminación del diverso. La ministra Bullrich volvió a mostrar sus intenciones provocadoras al denunciar la presencia cercana a la Plaza de Mayo de un grupo de personas portando bombas molotov. La desmentida policial llegó a tiempo, pero lejos está de autorizar la pasividad y la desatención frente a estos dos hechos, ocurridos ambos en un día patrio, pero también en un marco donde crecen la pobreza y la marginalidad, pero también la represión de la protesta social o los intentos denodados y recurrentes de acallar por cualquier vía las voces alternativas. En los medios, en las calles y en la plazas.
Por si esto fuera poco, crecen las versiones, hasta ahora no desmentidas, de la autorización del gobierno argentino de enclavar una base norteamericana en el sur argentino y otro asentamiento análogo en la triple frontera. Esos hechos no están divorciados de los dichos del alcalde bahiense. Está claro, y es sabido, que vienen por los recursos escasos. Pero también que la derecha neoconservadora está dispuesta a promover -si las condiciones objetivas y subjetivas de la movilización popular la jaquean- una intervención imperial cuya modalidad ignoramos. Como lo han hecho en todo el mundo, y en especial a partir del experimento desmembrador de la ex.Yugoslavia. Eso explica la inquietante presencia de la DEA por la que puja el Pro. Esa pulsión mortal cuenta, desde luego, con el guiño de la embajada. Por eso es que a la derecha no le importa "ganar la calle", y por eso es que las formas de resistencia deberán tener en lo sucesivo la potencia original de recrear un escenario propicio para disputar la batalla cultural definitiva. Hay que trascender de manera urgente el marco agitativo y consignista. En menos de 200 días el desastre retrógrado en el gobierno ha generado retrocesos que no va a resultar sencillo remontar en el futuro. Los medios juegan su rol consabido de utilizar mentiras y tergiversaciones cuidadosamente diseñadas y banalizaciones que contribuyen al desconcierto, la pasividad generalizada y la colonizació cultural. Sólo el pueblo organizado, un nuevo bloque histórico con vocación emancipatoria, consciente de lo que está en juego en esta hora decisiva, será capaz de conjurar la pesadilla predatoria que se abate sobre la Patria que, todavía, nos contiene.