"La izquierda europea no logra vincularse con la dramática realidad de lo material"
En la edición habitual de Multitud, Eduardo Luis Aguirre dialogó con el filósofo y pensador español Ignacio Castro Rey. La realidad política europea. Las izquierdas. La tragedia de Gaza y la Guerra en Ucrania. Se emitió por Radio Kermés FM 106.1, a la hora 12.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 

Argentina se debate entre inescrutables incertidumbres. El riesgo cierto del eventual retroceso de la democracia y su atravesamiento con una crisis económica y social sin precedentes, por una parte y la importancia geopolítica que no casualmente ha adquirido el Cono Sur, por la otra.

Por Lidia Ferrari

 

 

A propósito de la interrogación de un amigo acerca del rol de los intelectuales en estos tiempos, comparto algunas ocurrencias, opiniones, libre asociación que tuve sobre su inquietud. Creo que son tiempos en los que los intelectuales están devaluados, no sólo por sus reflexiones más o menos agudas o deficientes, sino porque ciertas coordenadas para pensar la época están transformándose de tal manera que no bastan los recursos a nuestro alcance.

Por Lidia Ferrari

 

 

Hay que dinamitar casi todo”, dice suelto de cuerpo un dinamitador serial que en cuatro años no logró dinamitar todo en Argentina, pero casi. El Poder que siempre pretende extraer toda riqueza para sí, está representado por estos fantoches que, sin pudor, con poder e impunidad dicen lo que deberían, al menos, disfrazar.

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 

 

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 



La visita de Laura Richardson (Jefa del Comando Sur) y Wendy Sherman (segunda del Departamento de Estado norteamericano) a la Argentina no puede explicarse apelando a las generalizaciones o eufemismos que habitualmente se emplean en el mundo disciplinar de las relaciones internacionales.

Por Eduardo Luis Aguirre




La sucesión de elecciones provinciales anticipadas será un termómetro, sugiere el portal Cenital. Iván Schargrodsky (uno de los mejores) y los suyos prefieren pisar tierra firme y se aferran a esa conjetura. No es para menos. Nadie confiaría, hoy, en una medición cuantitativa en el Alto Valle, por ejemplo. 

"Una cosa se llama necesaria o por razón de su esencia o por razón de la causa. En efecto, la existencia de una cosa se sigue necesariamente o bien de su misma esencia y definición o bien de una causa eficiente dada. Y por estas razones se dice también que una cosa es imposible, a saber, o bien porque su esencia o definición implica contradicción, o bien porque no se da ninguna causa externa que esté determinada a producir tal cosa", dice Spinoza en su Ética. Ahora bien ¿quién está en condiciones de delimitar la inexistencia efectiva de una causa externa? ¿La pasión? ¿el deseo? ¿la fe? ¿la razón? ¿el ardiente compromiso cotidiano con el otro? ¿la rebeldía inclaudicable contra lo que consideramos insoportablemente injusto? ¿la obstinación del lenguaje como herramienta clásica de lucha política? ¿el animarnos a pensar por fuera de los bordes de lo que alguna vez aprendimos, memorizando y repitiendo, sin que medie ninguna vocación insurrecta en esa rutina platónicamente cavernaria? ¿O será que la existencia y la inexistencia, como dos extremos tensos de lo externo pueden capitular frente a lo unitario y a veces claudican frente a la voluntad y lo común? Y que ese quiebre se fortalece con la generosidad del sentimiento y el descubimiento de un sentido emancipador. Con el reconocimiento de lo compartido. Con la síntesis emotiva y conjunta de lo utópico. La gratitud es una síntesis, no sé si exacta y total, de una entrega que nos releva de la centralidad y nos conduce a acercarnos a lo singularmente irrepetible de los otros. La gratitud es nada más y nada menos que convertir un sentimiento en acción. Lo hago, como puedo, a través de la palabra, que siempre habrá de trascendernos y convocarnos en la condición austera, contingente y profundamente humana de lo próximo.